domingo, 12 de noviembre de 2017

CINCUENTA AÑOS YA...











El 14 de noviembre se cumplirán cincuenta años de la aparición del libro de Guy Debord La sociedad del espectáculo. Debord era entonces la cabeza visible de la Internacional Situacionista (IS), un grupúsculo nacido en el ambiente cultural parisino (escisión de la Internacional Letrista, una de las hijas no reconocidas del Surrealismo) pero, a diferencia del resto de pequeñas sectas artísticas, la IS se politizó profundamente cuando constató que el arte había perdido cualquier capacidad subversiva o siquiera transformadora.

No tengo problema en confesar que Debord es uno de los pensadores que más me ha influido. Lo que, por supuesto, no quiere decir que compre todo lo que vende. Soy muy crítico con parte de sus ideas y respecto a su vida, fascinante y contradictoria al mismo tiempo, no permito que interfiera en la apreciación de sus textos, como tengo por norma[1].
En 1967 la Unión Soviética aún se veía como un enemigo temible y parecía dejarlo claro al año siguiente con la invasión de Checoslovaquia. En China, el Gran Timonel Mao desencadenaba su Revolución Cultural y mientras tantos fachas que hoy fustigan aquel horror entonces la apoyaban con entusiasmo, Debord y los situacionistas no se engañaban y dejaron claro por escrito su desprecio ante la moda “maoísta” que recorría Europa[2]. Si el libro tuvo una acogida discreta en su momento, las ventas se dispararon medio año después, tras el Mayo del 68 parisino.
El resto de su andadura editorial refleja la historia de aquellos años. En los setenta estaba disponible en prácticamente toda Europa, incluidos países del Bloque Soviético a los que llegaba con grandes esfuerzos. Entrados los ochenta, desapareció con el famoso desencanto para resurgir con potencia a fines de siglo, cuando parecía renacer la contestación cuya imagen transmitían los movimientos antiglobalización pero que parecía mucho más profunda, aunque vista desde hoy es evidente que se trataba de un espejismo más. Entonces fue cuando supe de su existencia...
Curiosamente he vuelto a leer menciones sobre la sociedad del espectáculo a raíz del famoso proceso pero todas superficiales, identificándolo con una especie de dictadura de los medios y la industria del entretenimiento. Se trata de un concepto bastante complejo, lo que es la base de su fuerza, pues las diferentes interpretaciones posibles abren el camino a reflexiones e intuiciones que difícilmente surgirían sin el estímulo que supone intentar comprenderlo[3]. Si no lo he comprendido mal, el espectáculo entendido como la producción material de información y entretenimiento sería un reflejo de la propia sociedad que lo engendra y coloca en ese lugar de preeminencia. Podría hacerse una analogía con la época barroca, una sociedad de apariencias que se veía reflejada en el teatro, el mayor divertimento de su tiempo, que reflejaba la esencia de esa apariencia devolviéndola precisamente como juego de apariencias[4].



El libro se divide en nueve capítulos de extensión desigual. Si en la edición pirata que tengo en mis manos en este momento[5] el último no llega a tres páginas y media, el más largo ocupa veintiséis[6]. En realidad, aunque agrupado en nueve capítulos, el libro está dividido en 221 textos de extensión desigual que algunos han denominado parágrafos pero quizá tesis sería su denominación más adecuada.
 No intentaré hacer un resumen, pese a que su extensión apenas alcanza noventa páginas en formato cuartilla, sólo comentaré alguna cuestión que parece de plena actualidad hoy día. Sí invito a leerlo pues, como he escrito más arriba, para mí funciona como un generador de ideas y cada lectura me aporta algo nuevo. Pondré un ejemplo que creo que resume todo lo escrito hasta ahora, la tesis 168, al comienzo del capítulo séptimo.

Subproducto de la circulación de mercancías, la circulación humana considerada como un consumo, el turismo, se reduce fundamentalmente al ocio de ir a ver aquello que ha llegado a ser banal. La organización económica de la frecuentación de lugares diferentes es ya por sí misma la garantía de su equivalencia. La misma modernización que ha retirado del viaje el tiempo le ha retirado también la realidad del espacio.

Valga esta cita como ejemplo. Estamos hablando del año 1967, hace medio siglo, que se dice pronto... Habla de la equivalencia de los lugares en un momento donde Zara no existía ni como el más feliz sueño de su creador. Hoy se viaja a lugares donde jamás se pierde la referencia porque donde no hay un Zara hay un McDonald’s o una tienda de Apple. Y el más astuto de ellos el tal Ortega, dueño de Zara , ha llegado a organizar un turismo dentro del ciclo turístico, pues sólo vende ciertos modelos en unas tiendas y no en otras, de modo que convierte en una “experiencia” viajar a Barcelona para adquirir un abrigo que no se vende en otro sitio[7].
¿Qué decir de los que van a la agencia de viajes a que les asesoren sobre algún destino “interesante”? Sé que soy un antiguo, pero yo suponía que si vas a un lugar es porque ya deseabas visitarlo, para buscar algo que puede existir o no, pero quieres comprobarlo por ti mismo... En textos posteriores Debord echaba pestes de la restauración de la Capilla Sixtina, cuando se optó por un repintado basado más en Walt Disney que en las evidencias miguelangelescas, sólo por contentar al público estadounidense y japonés, un buen porcentaje del consumo turístico mundial, sabiendo que la industria del espectáculo (que no el espectáculo en sí) haría el resto, dejando a buen recaudo la banalidad.
Si el arte es belleza, y se supone que evidente como tal salvo que uno provenga de unos referentes culturales alejadísimos,  ¿a qué obedecen las audioguías? Esas voces que te transmiten lo que debes ver en cada lugar, ofreciendo a los turistas una traducción de mil años de historia en unos segundos. Pues simplemente a la idea de la cultura como objeto de consumo devenida parte del paquete turístico. Luego a algunos les extraña que muchos extranjeros que visitan Cataluña vuelvan hechos independentistas fervorosos... Hoy mismo he visto un grupo de adolescentes de pieles rosadas que seguían a un guía turístico que enarbolaba una estelada como enseña para que no se perdiesen. Les he preguntado de dónde eran y me han dicho que de Ohio. Lo que van a contar cuando vuelvan es obvio...
En fin, ya lo he escrito antes, lo mejor de La sociedad del espectáculo  es que acaba por erigirse en una interrogación perpetua que te hace poner en cuestión casi todo lo que pensabas...

Con el tiempo, Guy Debord fue ocupándose de otros asuntos y entre ellos, uno de los más importantes, fue la cuestión de la fijación de los textos clásicos y sus traducciones posteriores, de cómo se podía alterar un texto original de tal forma que no lo pareciese. No es una cuestión menor, de hecho tiene sus consecuencias hoy[8]. La prueba suprema es que Debord lo ha sufrido en sus carnes después de muerto[9].
La única traducción a la que tuve acceso en ese final de siglo fue la de José Luis Pardo, catedrático de  filosofía de la Universidad Complutense, Premio Nacional de Ensayo y actual premio de ensayo de Anagrama, donde mi amigo Savater corta el bacalao...
El final de la tesis 46 dice lo siguiente: “La valeur d’echange est le condottiere de la valeur d’usage, qui finit par mener la guerre pour son proprie compte”.
La traducción “pirata” dice: “El valor de cambio es el condotiero del valor de uso que termina haciendo la guerra por su propia cuenta”
La de José Luis Pardo difiere un tanto: “El valor de cambio es un subalterno al servicio del valor de uso que ha terminado haciendo la guerra por cuenta propia”.
Traducir condotiero por subalterno significa que no se tiene ni idea de Historia. Y no tener ni idea de Historia implica muy malas credenciales para traducir a Guy Debord, muy preocupado por la interpretación histórica, ya fuera acertada o erróneamente. Traducir condotiero por subalterno refleja o mucha ignorancia o mucha mala fe. Un subalterno nunca hará la guerra por su cuenta, a diferencia del condotiero.

No sé si los medios se harán eco del cincuentenario. De momento no he leído nada. Y quizá sea mejor  así porque no sé las barbaridades que se podrían llegar a leer sobre el libro o el autor.
Por mi parte recomiendo que os hagáis con una copia (a poder ser gratuita) y lo leáis. Sentiréis una sensación curiosa: por un lado parece que habla de puras abstracciones y por otro parece ofrecer explicaciones claras a asuntos de nuestro tiempo que son aparentemente incomprensibles[10].
Terminaré esta incitación a la lectura de La sociedad del espectáculo con una frase que Debord escribió en otro lugar:

La hora de sentar cabeza no llegará jamás.

Ojalá fuera así en unas cuantas cabezas. No harían falta muchas...






[1] Creo que no hay una biografía de Debord disponible en castellano. Existe un libro muy estimable del gran Anselm Jappe: Guy Debord, Anagrama, (Barcelona), 1998, pero que no es tanto una biografía como un intento de explicar su pensamiento. En francés encontré una de Christophe Bourseiller: Vie et mort de Guy Debord (1931 – 1994), Plon, s. l., 1999. Bourseiller, hijo de una familia dedicada al teatro, apareció con cuatro años en la primera versión de La guerra de los botones, una película por la que siento un gran cariño.
[2] “El punto de ebullición de la ideología en China”, artículo sin firma redactado por Guy Debord y publicado en el número 11 de la revista Internationale Situationniste de octubre de 1967. Traducción en Internacional Situacionista. Textos completos en castellano de la revista Internationale Situationniste (1958-1969), vol. 3. Literatura Gris, (Madrid), 2001, pp. 467 – 476.
[3] Aunque probablemente Debord acabó un tanto desanimado al leer los disparates que se escribieron sobre su obra mientras vivía. Su producción posterior es mucho más clara, hasta llegar a escribir en una prosa que muchos críticos literarios franceses consideran clásica. Críticos a los que Debord despreció con todas sus fuerzas, lo que no les desalentó en absoluto...
[4] No puedo dejar de citar aquí uno de los libros más hermosos e inspiradores que he leído en mi vida, de José Antonio Maravall: La cultura del Barroco. Análisis de una estructura histórica. Ariel, (Barcelona), 2002 (novena edición, la primera es de 1975).
[5] Debord nunca procedió penalmente contra editores que imprimieron su obra sin pagar derechos de autor. Curiosamente, sí lo hizo contra quien publicó originalmente La sociedad del espectáculo por razones que serían largas de explicar, pero quien quiera puede documentarse con facilidad.
[6] El capítulo cuarto, “El proletariado como sujeto y como representación”. Anselm Jappe indica acertadamente que, siendo el capítulo más extenso, es el que menos atención ha recibido. No por casualidad es el que presenta mayor carga política de todos y desentona con la imagen que los medios han tratado de ofrecer sobre Debord como una especie de esteta exigente.
[7] No sé si se podrá comprar por Internet, pero desde luego uno no puede probárselo ni acariciar la tela, que es ya toda una experiencia de por sí. Trabajo en el sector turístico y no hablo por hablar...
[8] Noticia de Europa Press reproducida por Público, 23/10/17: “Israel detiene a un palestino al que Facebook tradujo su ‘Buenos días’ como ‘Atacadles’”.
[9] Y es una pena porque estando vivo no hubiese ahorrado una respuesta que hoy convendría atesorar.
[10] Como el Proceso de los cojones...

miércoles, 8 de noviembre de 2017

DEFINICIONES



Primero se aplicó a los Jordis y después a los consellers enchironados: son “presos políticos”.
Y aquí nació el gran debate. Los que están en contra de su ingreso en prisión les llaman presos políticos y los que defienden la medida les llaman políticos presos. Hay toda una lucha en torno a la aplicación del concepto pero ¿qué significa ser un preso político?
Sé lo que significaba en otros tiempos. Los habituales sabéis de mi interés por el terrorismo y varias de mis promesas incumplidas tienen que ver con el asunto, así que empezaré por ahí.

Mi dichiaro prigionero politico

“Me declaro preso político”. Era la primera frase que pronunciaban los miembros de las Brigadas Rojas italianas al ser detenidos. Con eso no querían decir que fueran inocentes y debían ser excarcelados de inmediato. No. Reivindicaban un estatuto especial. Ellos no eran chorizos, eran otra cosa y como tales debían ser tratados. En 1981 los presos del IRA mantuvieron una huelga de hambre por el reconocimiento de ciertos privilegios menores, como el derecho a no llevar el uniforme carcelario, y sólo la detuvieron cuando murió el décimo preso de la lista. Era una lucha simbólica, pero es evidente que muy importante para ellos. Pero no pedían su excarcelación, pedían cambios reglamentarios que vistos desde hoy parecen detalles pero ellos estuvieron dispuestos a morir por conseguirlos sin pestañear[1].
Salvo error por mi parte, en los años setenta y primeros ochenta cuando cada país de la que entonces se conocía como Europa Occidental tenía al menos un “grupo armado” en casa , ningún país europeo reconocía  el rango de prisionero político en teoría pero todos lo hacían en la práctica (para bien de los presos los más y para mal los menos).
Ahora suena raro pero los presos del GRAPO[2] estuvieron concentrados en una cárcel donde montaron una comuna y, casi veinte años después, alguno de sus miembros decía que ahí había aprendido cómo funcionaba el comunismo. También tramaron una fuga exitosa, pero esa es otra historia[3]...
Cuando se inauguró la prisión de máxima seguridad de Herrera de la Mancha la batasunada la bautizó como una “cárcel de exterminio”. Una más de las torpezas del gobierno de UCD. Allí se llegaron a juntar doscientos presos de ETA que, obviamente, cortaban el bacalao. Cuando llegaban las marchas de solidaridad de montones de autobuses desde el País Vasco les recibían desde las celdas con ikurriñas y pancartas con el emblema de ETA.
Hasta que Enrique Múgica llegó al Ministerio de Justicia y aplicó la política de dispersión y entonces se deshizo el estatuto de preso político nunca reconocido pero en realidad existente y respetado. Alguien dijo que como Múgica había sido preso sabía lo que les podía joder. Seguramente tenía razón[4].
Basándome en esos precedentes, yo entendía que ser preso político no significaba que estuvieras encarcelado injustamente por tus ideas. Ser preso político significaba que te habían metido al talego por un acto que tenía motivaciones políticas. Pero no tenía por qué ser noble, podía ser el coche bomba de Hipercor.
¿Eran presos políticos los asesinos de Hipercor? Sí ¿Eran inocentes? No.
Ser preso político no significaba trazar una raya entre la culpabilidad y la inocencia.
De hecho, si se mira bien, cuando alguien se reclamaba “preso político” trazaba una raya clasista. A mí no se me puede tratar como a uno de estos chorizos[5], lo mío es mucho más noble. Ahí residía la importancia de llevar un traje u otro por la que diez presos del IRA fueron capaces de llegar a la muerte por inanición[6].
Curiosamente, cuando Valentín Lasarte abandonó EPPK  el Colectivo de Presos Políticos Vascos que imponía disciplina a los etarras encarcelados , se reivindicaba orgulloso como “un chorizo más”[7].  

Presos de conciencia

Y por eso, entendía yo, se había creado otra clase de presos, los presos de conciencia. Aquellos que estaban encarcelados por sus ideas.
El más conocido durante muchos años fue Nelson Mandela aunque parte de su expediente no estuviera del todo limpio. Por ser suave, no fue del todo refractario a la idea de terrorismo y tampoco se puede decir que considerara a los zulúes como sus compatriotas.
Pero sirvió como ejemplo porque el gobierno que tenía enfrente estaba claramente pasado de moda para lo que es admisible hoy y empezó a ser admisible entonces...
Una presa de conciencia más cercana en el tiempo era Aung San Suu Kyi. Copio su lista de premios de Wikipedia abreviando, para no resultar pesado: Premio Rafto, Sakharov, Nóbel de la Paz, Simón Bolívar, Shaheed Benazir Bhutto, ciudadana honoraria de Canadá, medalla Wallenberg y medalla de oro del Congreso de Estados Unidos.
Y ahora resulta que es una xenófoba de tres pares de pelotas porque ataca a la etnia rohingya o rohinya (lo he visto escrito de las dos formas, seguramente habrá más).
No dudo de que los acusadores tienen razón. Es más que probable que tuvieran una información incompleta y se lanzasen a canonizarla sólo porque era una presa de conciencia galardonada con los premios más importantes del mundo, incluido el premio Nóbel y medallas del congreso de Estados Unidos.
Es un problema de la época. Frente al héroe, que es el que hace algo, se prefiere al mártir, que es el que sufre algo. Una época diseñada para ser sujeto pasivo, no activo. El problema es que sólo puedes conocer de verdad a alguien por sus acciones, pero esa es otra historia que llevaría muy lejos...

Pero, dejando aparte que alguien perseguido porque no hace siempre constituye una causa más azarosa para abrazar que aquella de quien ha hecho, por esos engorrosos rollos griegos sobre la potencia y el acto, pensaba que los defensores de los Jordis & consellers residentes tendrían por más noble reclamarles “presos de conciencia” que “presos políticos”. Teniendo como tienen entre sus apoyos cientos de juristas y decenas de politólogos, me parecía extraño que a nadie se le hubiera ocurrido la idea. Estaba por escribirles: ¿no conocéis la diferencia entre un preso político y un preso de conciencia?
Después pensé que quizá fuera yo el equivocado, demasiado centrado en mis lecturas sobre el terrorismo europeo de antes y después de los setenta, así que decidí acudir a la Wikipedia, que es la fuente de nuestros saberes o, al menos, la que sintetiza la posición mayoritaria sobre un asunto.

Definiciones

Dice la Wikipedia en castellano que “Un preso político o prisionero político es cualquier persona física a la que se mantenga en la cárcel o detenida de otro modo, por ejemplo bajo arresto, sin haber cometido un delito tipificado sino porque sus ideas supongan un desafío o una amenaza para el sistema político establecido, sea este de la naturaleza que sea”.

Y al leerla se me cayó el mundo encima... Resulta que frente a lo que yo pensaba que un preso político se reivindicaba como tal por pertenecer a una organización política, independientemente de las que hubiera liado , ahora resultaba que su definición era la que yo aplicaba a los presos de conciencia...
Entonces ¿qué demonios era un preso de conciencia?

Pues la propia Wikipedia daba la respuesta a la línea siguiente:
“Se distingue del preso de conciencia, que se caracteriza por el no empleo ni propugnación de la violencia”.
Es decir, que el preso político emplea o propugna la violencia. Eso cuadraría con la idea que yo tenía, frente a la definición que aparece en Wikipedia.

¿No es maravilloso? Sus defensores llamándoles violentos y sus atacantes discutiendo su categoría de violentos...

Es la época. No hay de qué escandalizarse...






[1] Y la huelga no acabó por falta de voluntarios sino porque recibieron órdenes de sus mandos de interrumpirla. Imagino que la procesión iría por dentro pero, visto desde fuera, afrontaban la muerte con alegría. Supongo que sus creencias católicas ayudaron a soportar su sacrificio con resignación...
[2] Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre. Lo escribo con todas las letras porque periodistas expertos en terrorismo siguen transcribiendo la R como “Revolucionarios”. No aspiraban a tanto...
[3] También es cierto que el GRAPO es el único grupo de presos políticos que ha llevado una huelga de hambre hasta el final en cárceles españolas. Los de ETA siempre se rajaban antes...
[4] Múgica fue encarcelado en 1956 tras los desórdenes universitarios. Entonces militaba en el Partido Comunista de España y le acompañaron a prisión gentes tan aparentemente extrañas como Fernando Sánchez Dragó (entonces más comunista que Múgica) o José María Ruiz Gallardón (el padre de Alberto Ruiz Gallardón).
[5] Con todo su pudor, la izquierda evangélica les llamaba “presos sociales”, pero no por eso dejaba de segregarlos... Como decía un compañero de colegio en toda su burricie abertzale, “los presos sociales, a coser carreteras”.
[6] Por una extraña asociación de ideas aprovecho para recomendar aquí uno de los libros más desasosegantes que he leído en mi vida: Las ovejas y el pastor, de Andrea Camilleri, una indagación histórica al estilo de las que hacía su paisano Leonardo Sciascia. Quizá la haya recordado por la coincidencia de que en su caso también se trata de diez ataúdes...
[7] Aquí cabe una gran paradoja. Valentín Lasarte fue uno de los que participó en el asesinato de Fernando Múgica, “Pototo”, hermano de Enrique y víctima de una suerte de “venganza transversal” al estilo camorrista.

martes, 31 de octubre de 2017

LABERINTOS


El pensamiento español tradicional que no hacía ascos a los orígenes de nadie y admitía en su seno, por ejemplo, al catalán Jaime Balmes, a quien está dedicada hoy una de las calles más largas de Barcelona , ha sido siempre antijudío. Decir antisemita es un error conceptual porque hay más pueblos considerados semitas aparte de los judíos. Era antijudío sin vergüenza ninguna. Los judíos eran los deicidas, los que  habían condenado a muerte injustamente a Jesucristo Nuestro Señor y debían pagar su culpa eternamente, lo que se deducía de los escritos de San Pablo y de otros Padres de la Iglesia que los comentaron. Su expulsión por parte de los Reyes Católicos era una consecuencia lógica que nadie podía poner en juicio, como tampoco la exigencia de la “limpieza de sangre”, el deber de demostrar que se estaba limpio de sangre judía para poder acceder a un cargo público. Como siempre ocurre, algún rabino podía llegar a obispo de Burgos pero, como sabemos, las normas siempre son más rígidas por abajo que por arriba.
Así que el antijudaísmo era la tónica y cuando se pudo hablar propiamente de un pensamiento de derechas en España, este fue clara y lógicamente antijudío.
Curiosamente, cuando Franco llegó al poder se instaló una cierta ambigüedad. Se toleraba una ración de contenido antijudío, siempre y cuando no se pasara de la raya. Franco era el gran amigo de los pueblos árabes (y ahí está el regalo del templo de Debod que hoy luce en Madrid muy cerca del Palacio Real), pero Franco a su vez mantenía una cierta aureola de amigo de los judíos[1]. Aquí no se pueden desligar hechos como la actuación de Ángel Sanz Briz, encargado de negocios de la embajada española en Budapest, que salvó a más de cinco mil judíos húngaros en un momento en que los nazis habían hecho una prioridad del exterminio de los judíos húngaros. Si bien es cierto que no hay pruebas de que actuara impulsado por el régimen al que servía, jamás sufrió ninguna sanción. En ese sentido Franco siempre fue muy hábil jugando con dos o tres barajas...
Murió Franco y llegó Suárez, que por llevar la contraria hacia el orden internacional vigente mantenía una corriente de simpatía hacia los palestinos, en especial hacia la OLP y su jefe Yaser Arafat. Hubo que esperar al gobierno de Felipe González para que España reconociera a Israel, se dice que por los buenos oficios de los hermanos Múgica, Enrique y Fernando (alias Pototo), sionistas convencidos por ser hijos de madre judía.
Pese al reconocimiento, pasaron unos años de atonía porque la opinión pública española era mayoritariamente propalestina. Y aquí caben tres opciones: se puede entender que era antisemita, antisionista o una mezcla de las dos cosas. Antisemita es quien se opone a los judíos por ser judíos (como he escrito, denominación errónea lingüísticamente hablando), antisionista es quien se opone al imperialismo judío, es decir, quien se opone a que traspase las fronteras decretadas por la ONU cuando dio vía libre a la creación de Israel o incluso a su propia existencia como país. En ese sentido España era una anormalidad europea, pues el apoyo a Israel en el resto de Europa era bastante mayor, lo que conllevó que la propaganda sionista se volcase sobre España para tratar de corregir el error estadístico.


Se acercaron a los más vociferantes y cualquiera puede imaginar la forma de condicionar su opinión. En el bando español reclutaron a lumbreras como Federico Jiménez Losantos o Jon Juaristi, (que resultó tan convencido que incluso se convirtió al judaísmo) y en el lado catalán a gente no menos brillante como Pilar Rahola o Joan B. Culla. Hay que reconocer que la obra de estos y otros taladros vociferantes rindió sus frutos. Las derechas catalanas y españolas se hicieron sionistas con gran alegría para purgar su anterior antijudaísmo[2].
Había quien abroncaba a Serrat porque su Mediterráneo iba de Algeciras a Estambul sin bañar tierras israelíes[3].
Hoy escuchaba en Catalunya Informació que mientras Palestina desea que haya “una España fuerte y unida”, Israel no se había pronunciado en ningún sentido.
Por supuesto, en la lógica catalanista significa “palestinos malos”, “israelíes, resistentes de momento a la presión española”.
Me gustaría saber qué opinan Jiménez Losantos, Juaristi y el resto de la docena...






[1] En mi infancia se decía que los judíos decían misas por Franco. En este caso hay que entender israelíes en lugar de judíos (hay judíos que están en contra del establecimiento en Palestina, de hecho lo ven como un signo del inminente fin de los tiempos) y algún ritual propio en lugar de la misa, pues los judíos no celebran tal ritual que implica de hecho una transubstanciación en la que no creen... En cualquier caso el mensaje es claro, Franco no era antipático a los israelíes.
[2] La derecha vasca era sionista desde siempre. Si se habla del “exilio español”, ellos siempre han hablado de la “diáspora vasca”.
[3] No me lo invento aunque lo parezca.




lunes, 30 de octubre de 2017

A CADA CUAL, LO SUYO


Últimamente he criticado mucho a los anarcoides. La verdad es que me parece que están absolutamente a la deriva, intentando agarrarse a cualquier cosa que sobresalga de la superficie sin distinguir si se trata de un peñasco firmemente anclado en el fondo o el lomo de una ballena.
Lo que he leído sobre el asunto catalán y alguna otra cosa anterior (como sus pronunciamientos sobre los asesinatos de Las Ramblas y Cambrils) me ha hecho verles como una especie de ala izquierda de Podemos.
De entre todas, la que más me ha dolido ha sido la deriva de la CNT, organización en la que llegué a militar durante un larguísimo trimestre[1]. No voy a repetirme, ya he señalado con detalle las que considero torpezas del bloque anarcoide que, por una vez y sin que sirva de precedente, le ha dado por actuar unido, precisamente en ocasión tan lamentable[2]...
Una cosa sí que hay que decir en favor de la CNT, es una organización confederal que realmente respeta la esencia del federalismo. Formada por agrupación de sindicatos, lo cierto es que mientras cada sindicato respete los principios mínimos básicos, es libre de adoptar una u otra postura sobre cualquier asunto. Así, mientras la CNT vizcaína se ha adherido alguna vez a la manifestación pro presos de ETA, la alavesa decidía que no. Aquí suena raro, acostumbrados como estamos a que todas las organizaciones que se reclaman federales lo sean solo de boquilla, pero en ese sentido la CNT lo es. También es cierto que en los últimos años se han dedicado a desfederar sindicatos que se apartaban un poco demasiado de la línea oficial, pero después de esa fiebre parece que las aguas han vuelto a su cauce...
La cuestión es que después de leer muchos papeles que consideraban el proceso famoso como punto menos que el inicio de la revolución o diluían culpas entre ambos nacionalismos para quedar en tierra de nadie[3], he encontrado un texto firmado por un sindicato de CNT que suscribo plenamente, de principio a fin[4]. No sé si este sindicato es talibán o reformista, si está amenazado de desfederación, si son pocos o muchos ni hasta qué punto refleja el sentir de los cenetistas, pero sí que puedo decir que refleja el mío de manera magistral.
No creo en los enlaces, basta acudir a las páginas de Wikipedia para ver que muchos de los incorporados ya no funcionan. Así que os copio el texto íntegro con el deseo de que lo disfrutéis tanto como yo, aunque la idea anarquista os deje indiferentes...

Sobre el escenario ante el proceso de independencia de Catalunya
“El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo, cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora: es un absurdo total.”
Bertolt Brecht.
Este escrito tiene la intención de aportar elementos para un debate sobre este tema señalando posiciones éticas, principios políticos del movimiento libertario, historia lejana y hechos recientes que nos ayuden a abordar una situación en que, sincera y humildemente, pensamos que los árboles no nos dejan ver el bosque.
Empezar por las ideas parece lógico. El internacionalismo rubricado en nuestros principios se ha caracterizado siempre por negar las limitaciones físicas que los discursos nacionales (con Estado o sin él) ponían a la geografía. Declaraciones de Reclús, de Anselmo Lorenzo y otros lo señalan[1] De hecho, en los antecedentes de nuestra organización encontramos a la Alianza Internacional de la Democracia Socialista de Bakunin fundada en 1868 con estas bases de doctrina política:
·         La supresión de los Estados nacionales y la formación en su lugar de federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales.
·         La abolición de las clases sociales y de la herencia.
·         La igualdad de sexos.
·         La organización de los obreros al margen de los partidos políticos.
En general es contradictorio hacer convivir expresiones como estas con la formulación política del “derecho de autodeterminación de los pueblos”, y se hace confundiendo al pueblo trabajador con el conjunto de personas a las que se atribuye identidad cultural (sean trabajadores o explotadores), y “autodeterminación” como una suerte de “autogestión política” sin explicar su significado real y sobre quién y de qué forma se ha pretendido históricamente aplicar ese derecho.
No está de más que se fijen los significados de las palabras que se están utilizando.
– Pueblo:
Del lat. popŭlus.
3. m. Conjunto de personas de un lugar, región o país. 
– Patria:
1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
– Nación:
Del lat. natio, -ōnis 'lugar de nacimiento', 'pueblo, tribu'.
1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.
3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.
Autodeterminación: De auto- y determinación.
1. f. Decisión de los ciudadanos de un territorio determinado sobre su futuro estatuto político.
El anarcosindicalismo, como aplicación práctica que toma los principios del anarquismo, no se sostiene sobre la tradición ni sobre la reivindicación cultural común como medio de agrupar a los seres humanos. A diferencia de otras ideas políticas, está fundamentado en los derechos universales de la persona, la libertad absoluta individual, y solo en segundo orden y como proyección de la misma, los derechos colectivos.
Por ello reivindica el internacionalismo como superación de los Estados-Nación, como defensa del cosmopolitismo formulado ya en la Grecia clásica y no como la caricatura que han querido hacer de ello redefiniéndolo absurdamente como “colaboración entre naciones”.
La utilización del “pueblo” en el contexto de la crisis desatada por la convocatoria del referéndum de Cataluña hace referencia inequívocamente a todas las personas que viven en Cataluña a las que se les supone una vinculación a la cultura autóctona convenida, y por tanto no diferencia entre clases sociales ni entre gobernantes y gobernados.
En el caso de la “autodeterminación” hay que entender que incluso no siendo una formulación política del anarquismo o del anarcosindicalismo hay contextos donde se ha utilizado el término por la condición de práctica esclavitud y por tanto lesión de derechos fundamentales de los habitantes de un lugar concreto a diferencia de la consideración de que han gozado en las metrópolis (desde Eliseo Reclús se condena el colonialismo).
Los habitantes de Guinea Ecuatorial no tenían los mismos derechos que los españoles, ni los indios que los británicos, por lo que lesionado un derecho individual como es la igualdad se ha podido llegar a hablar de autodeterminación como medio de superar la injusticia y la explotación del grupo. Otra cosa distinta es, sin ningún tipo de vergüenza, simular en una región una falta de derechos comparándose con los ejemplos anteriores.[2]
Toda la retórica nacional ha estado constantemente calificando de agravio, derecho o libertad, según convenga, aquellos comportamientos que ellos mismos ejecutan o defienden en su propio territorio respecto a regiones interiores. Los defensores de la autodeterminación, en este caso los independentistas catalanes, jamás concederán ese derecho al Valle de Arán (aunque le den un estatuto particular como el Estado español concede a Cataluña) ni reconocerán el centralismo de Barcelona, así como los castellanos incluyen León en sus planes independentistas, y estos a su vez al Bierzo, a pesar de que los bercianos mayoritariamente no se consideran leoneses. A nadie se le escapa que detrás de la pantalla de la reivindicación de derechos y libertades modernas habitan visiones históricas procedentes del feudalismo que de vez en cuando se ponen encima de la mesa.
Analicemos ahora algunas afirmaciones que se están haciendo continuamente desde el discurso independentista, empezando por la “imposición del Estado español”.
¿Tienen menos o distintos derechos, gravosos comparativamente, los ciudadanos de Cataluña a los restantes?
¿Se ha impuesto la Constitución y el resto de la legislación española a Cataluña, incluido el Jefe del Estado?
No se puede contestar afirmativamente a ninguna de las dos preguntas. A la primera, porque es evidente que toda la legislación que el aparato estatal aplica a sus ciudadanos no hace distinciones en ninguna parte del territorio. Si acaso existen concesiones, en materia fiscal por ejemplo, como sabemos. Y desde luego, en lo que nos afecta como trabajadores (es conveniente no perder la perspectiva), no se puede afirmar que los trabajadores catalanes sufran ningún agravio con respecto a otros. Lo que sí hemos visto estos días es una manifestación gigantesca en Linares por el azote que el desempleo ejerce en ese lugar como en ninguno del país.
Con la segunda pregunta más gente dudaría porque los discursos falsos que el independentismo repite insaciablemente han sembrado la duda, no vaya a ser que nos cuelguen el sanbenito de “españolistas” en la eterna dicotomía falaz.
Para ser honestos no podemos olvidar que en la propia redacción de la Constitución Española ratificada en 1978 participa un miembro de CiU, Miquel Roca, nieto de un dirigente carlista, galardonado entre otras cosas con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y que ha llegado a defender a la Infanta de Borbón en los juzgados, una vez que la justicia española la hizo sentarse en el banquillo. Fue secretario general adjunto de CDC de 1974 a 1979, partido al que ha pertenecido hasta 2016, en que defendió al candidato de Unió, partido que fundó su padre.
Y, ¿cuál fue la reacción de los catalanes a la votación de la Constitución aquel 6 de diciembre? Pues con una participación entre el 67% y el 74% (según la provincia) más del 90% de los catalanes votaron a favor del texto. Se pueden decir muchas cosas, pero desde luego son tan responsables o más de que se estén aplicando hoy en día sus artículos que los ciudadanos de Valladolid, que lo aprobaron con un 83% de síes[3]. Y hay que recordar que es el texto donde se da legitimidad al Borbón como Jefe del Estado habiendo jurado hacía poco los Principios del Movimiento franquista. Es también tragicómico ver las críticas que hacen hoy al “régimen del 78” los miembros del PC que votaron a favor de todo aquél montaje desde las Cortes o desde la mesa de los Pactos de la Moncloa, donde también participó CiU.
Desde esto (si se quiere tomar como un principio) hasta hace cuatro días, quienes tienen las riendas del “procés” han sido el sostén de los sucesivos gobiernos felipistas y aznaristas aportando sus votos generosamente en el Congreso de los Diputados para aplicarnos a todos los súbditos de este Reino las sucesivas reformas laborales, los sucesivos recortes de libertades, los sucesivos programas de ajuste presupuestario en materia social.[4]
¿El independentismo históricamente es de izquierdas? ¿La independencia de Cataluña es un movimiento de izquierdas? ¿Lo son sus dirigentes y por ello tiene sentido esperar que un nuevo escenario independiente sea distinto, mejor?
Cualquiera que haya buceado mínimamente en la historia del último siglo sabe que no. Por no hablar de la patronal catalana más derechista, a la que no gusta hacer referencia porque no dudaba en acudir a las fuerzas policiales centralistas cuando las huelgas se le iban de las manos, vamos a hablar de una fuerza como ERC.
ERC, partido que hoy sube en las encuestas como la espuma, ha sido históricamente una amalgama de sectores que no podían estar más enfrentados. Pero incluso Jacinto Toryho, director del Solidaridad Obrera de 1936 a 1938, afirmaba que la Lliga Regionalista y ERC “en lo social no eran fracciones diferentes, sino dos expresiones reaccionarias a las que solamente separaba un matiz partidista electorero”.
El cemento nacionalista obra milagros como mantener en el mismo partido a gente como Companys y a la de otro partido más pequeño llamado Estat Catalá. Uno de sus dirigentes y fundador de ERC, Josep Dencás, visitó personalmente a Mussolini en Italia y fue el responsable de la creación de milicias paramilitares que no dudó en utilizar contra la CNT. Influido por las ideas racistas de Pere Martir Rossell i Villar, se autodefinía como “nacionalsocialista”. Como consejero de gobernación mantuvo a su lado a los hermanos Badia. Miquel Badia, como Jefe Superior de la Comisaría General de Orden Público, movilizó a policías y paramilitares (“Escamots”) contra la huelga de transportes de Barcelona en 1933 convocada por la CNT. Acabaron muertos por disparos de militantes de la FAI. En 1937 las fuerzas de ERC se sumaron a las del PSUC para atacar a los libertarios en Barcelona en los hechos trágicos de mayo. Hay suficiente documentación publicada para quién desee profundizar.
Esto podría ser cosa del pasado si no hubiésemos visto cómo se celebra anualmente un homenaje a los hermanos Badia[5], y como hace unos años contaron en el acto con la presencia del señor Oriol Junqueras, hoy en día Vicepresidente de la Generalitat y Presidente de ERC.
Pero no es la única sorpresa del presidente de un partido que se denomina “Esquerra”. Hace muy poco tiempo apareció en la portada del ABC[6] junto a otro grupo de serviles (ojo, Bertín Osborne, Cospedal, Borja Prado…) defendiendo ni más ni menos que la retransmisión de la misa católica dominical. No en TV3, no, en Televisión Española. Todo ello debido a las críticas que sobre ello habían realizado diputados de Podemos.
Y por si su conservadurismo no había quedado claro, la página “InfoVaticana” se hace eco de declaraciones en diversos actos públicos de este personaje donde hace “llamamientos a que haya vocaciones”[7] Es importante señalar que en intención de voto hoy en día la antigua CiU, hoy PdCat, está en caída libre, pero es ERC quién recoge los votos perdidos por aquella formación, subiendo en las encuestas espectacularmente.
No podemos olvidar tampoco que Oriol Junqueras tiene un antecesor digno de mención: Heribert Barrera, el que fuera Secretario General de ERC (1976-1987), presidente del mismo (1991-1995), presidente del Parlamento catalán (1980- 1984) y diputado del Parlamento Europeo (1991-1994). A pesar de sus opiniones sobre la inferioridad mental de los negros o el peligro que corría la cultura catalana con la invasión de los inmigrantes, fue homenajeado sin pudor, no solo por Josep Anglada, dirigente de Plataforma per Catalunya[8], sino que recibió la Medalla de Oro de la Generalitat, además de haber sido miembro del Consejo Consultivo de Omnium Cultural. Hoy esta entidad es una de las que encabeza el impulso nacionalista en Cataluña estando presidida por el empresario Jordi Cuixart.
Resulta también cuando menos curioso que uno de los tópicos utilizados por el independentismo sea acusar de franquistas a todos al sur del Ebro, mientras uno de sus alcaldes a quien hemos visto ser aplaudido hace poco en su visita al juzgado para prestar declaración por el referendum, Ferrán Bel, defendió la continuidad en 2010 del monumento franquista en su localidad, Tortosa, junto a varios de sus concejales. Su retirada se había llevado al Pleno del Ayuntamiento avalada por 2000 firmas de los vecinos que fueron aplastadas por sus votos (CiU) y los del PP.[9]
De igual modo, parece que pasa inadvertido a la memoria que los monjes de la abadía de Montserrat defendieron a sus homólogos del Valle de los Caídos (benedictinos todos) ante el intento de acabar con ese parque temático del franquismo en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Esos mismos monjes que lo mismo reciben en 1940 a Himmler buscando el Grial que organizan actos por la independencia desde 2014[10]. Todo muy identitario.
Y aunque cuando se atacan las políticas del Gobierno catalán los independentistas suelen escurrir el bulto señalando a CiU como responsable, es conveniente recordar que solo se han cambiado la careta, prácticamente todos siguen ahí bajo la nueva marca PdCAt con Artur Mas como presidente del partido. Como todos sabemos al frente de la Generalitat también se sitúa un convergente, Carles Puigdemont, y hemos tenido que ver respaldos sorprendentes a esta derecha catalana como el que brindó el dirigente de las CUP David Fernández abrazándose el 9N a Artur Mas, las declaraciones de este y otros miembros de CUP ante la imputación del convergente diciendo que era “uno de los suyos”, o a un “anarco”-independentista supuesto argumentando que a Pujol se le criminaliza por ser catalán porque solo ha recibido una herencia de su padre.[11] No son casos aislados o extremos de una situación social. Son ejemplos del abandono generalizado de la lucha de clases y de la conciencia de la misma, que se aparta inevitablemente para dar paso a la cuestión nacional como ya advirtieron muchos antes que nosotros.
¿Qué hay del “derecho a decidir”?
Esta formulación novedosa ha sido uno de los escudos con los que se ha llegado al punto en el que estamos. Hay que reconocer a sus creadores que son fantásticos lanzando un eslogan con el que obligadamente hay que estar de acuerdo si no eres poco menos que un esclavista, claro. Habría que situarlo a la altura de los que decidieron llamar al movimiento antiabortista “provida”, ¿quién va a ser promuerte? Nadie, quizá Millán Astray y sus locos legionarios.
Quienes enarbolan este “derecho” en el Parque de la Ciudadela como quienes se reúnen al lado de la Plaza de Neptuno nos lo recuerdan siempre que tienen oportunidad a los partidarios de la democracia directa. Por ello cuando esta gente nos aborda defendiendo el “derecho a decidir” lo primero que habría que haber preguntado es cuáles son los límites de la decisión, quién tiene ese derecho y si se dan las condiciones de libertad, seguridad e imparcialidad que cualquier consulta requiere para ser considerada como tal. Evidentemente la convocatoria y los hechos represivos que la han rodeado quedan lejos de reflejar la voluntad real de la mayoría de personas a quienes estaba dirigida.
Nadie diría que la votación del “Anschluss” fue la aplicación del “derecho a decidir” por más que se mostrase con la careta de un referéndum. Pues de igual forma, y con un resultado popular excelente por lo que hemos visto, han utilizado esa fórmula para decidir la separación de una estructura del Estado español e intentar generar a través de ella un Estado nuevo. Solo que esta vez en lugar de ejercer el miedo y la fuerza directamente sobre los votantes para forzar la decisión, se aprovecha la fuerza y la violencia del contrario en una suerte de aikido político. Tal es así que con poco más de un 40% de participación y un 38% de síes (sobre el censo) se pretende dar por bueno el resultado[12]. Si es un derecho no puede ser extinguido por mucho que terceros me impidan ejercerlo, y es kafkiano que encima lo haga la parte que lo ha puesto encima de la mesa y no sea recriminada por ello. Esto evidencia la adhesión que se ha logrado a las élites catalanas que siempre han querido decir “derecho a la independencia”, algo mucho más difícil de colocar en el mercado propagandístico.
¿Y qué hay de la represión?
Efectivamente ese es el otro escudo indestructible tras el que se parapeta el discurso independentista actual, incluso diría que también en el pasado, y lo que todo el mundo reconoce que ha generado más adeptos a la causa nacional. Lo hemos visto multiplicado exponencialmente este 1 de Octubre. Cuando hacemos crítica del Estado como elemento subyugador no lo hacemos porque sí. Esta es la reacción normal de quien en esencia es violencia. Lo curioso es que esa coerción se está ejerciendo ahora mismo con las reglas que los mismos dirigentes catalanes han aprobado para “participar” y “cambiar las cosas desde dentro”. Es indudable que una carga policial es la imagen más icónica de la violencia estatal. Sin embargo dependiendo del contexto no reaccionamos de la misma forma. No nos vamos a inmutar cuando los aficionados del Legia, o los Ultra Sur reciben los empujones y los gomazos de la Policía Nacional, sabiendo perfectamente por qué se utiliza la “herramienta”. Condenaremos sin dudarlo un instante las agresiones que Guardia Civil y Policía Nacional perpetraron el día de la consulta (las grabaciones, como siempre, son espeluznantes), las entradas en domicilios y sedes políticas sin orden judicial que se han llevado a cabo, reconociendo al mismo tiempo que no podemos empatizar con muchos de esos miembros de partidos catalanes citados a declarar a los que se aplaude, cuando “antesdeayer” han estado llamando a gritos y justificando posteriormente la represión a movimientos populares. La sobreactuación ha sido amplia, pero por poner un ejemplo podríamos referirnos a la “indignación” del señor Junqueras diciendo que “dónde se ha visto que la policía cargue contra gente desarmada con los brazos levantados”. Pues allí mismo, no hace tanto, muy cerca del asiento que su culo ocupa en el Parlament. Desde las declaraciones de Carod Rovira (ERC) contra el 15M[13], hasta las cargas de los Mossos en Plaza Catalunya el 27M, o las reacciones a la protesta ante el Parlamento catalán, que hizo salir entre otros al consejero de interior, el psicópata Felip Puig, en helicóptero, y la posterior represión judicial a los manifestantes ilustran el carácter de esta gente que ahora muestra su mueca de víctima (cuando por cierto a ellos no los han tocado, los golpes se los han llevado los de siempre). En aquél momento la calificación de “violentos” fue repetida hasta la saciedad en todos los medios, e incluso en una declaración de todos los parlamentarios, contrastando con su integridad absoluta (bueno, resultó dañada una chaqueta pintada con spray y les tiraron una piel de plátano). Y mientras oíamos los discursos se pudieron ver multitud de imágenes donde la gente era golpeada, pisoteada, pateada y detenida. Todo en el mismo día en que se rechazaban las enmiendas a la totalidad que presentaban otros partidos a los presupuestos antisociales del gobierno catalán con los votos de PP y CiU.[14]
La gestión del terrorismo, como el discurso nacionalista obran milagros como el que hemos visto últimamente con los Mossos. Tan pronto era la policía europea con más acusaciones por tortura y malos tratos como los héroes de las Ramblas o del referéndum. Tan pronto había una mujer que perdía un ojo en una manifestación o un mantero se caía por el balcón de su casa cuando entraban en ella; o un hombre se moría de repente de madrugada mientras le daban una paliza; o veíamos imágenes de las torturas en la comisaría de Les Corts, que aparecía el señor Trapero (el mismo que salía a justificar todo lo anterior) y todo el mundo confiaba de repente en su carácter democrático y su defensa de las libertades. Hasta les hemos visto “llorar por la violencia”.
Lo que está claro es que el discurso identitario se esconde detrás de la pantalla de “la represión inherente a España” olvidando que esa represión nos une a los que la sufrimos, ya sea el 1-O en Barcelona o el 22-M en Madrid (hay videos en youtube sin demasiadas diferencias), se ha ejercido en todas partes (en esto hay que reconocerles lo democráticos que son), y su aplicación se debe precisamente al cuestionamiento de la autoridad, sea la del actual Estado español con la policía nacional, la del parlamento catalán con los mossos o la del buscado Estado catalán con los mismos agentes.
¿Hay posibilidades al menos de utilizar la coyuntura para beneficio de la clase trabajadora?
No vemos de qué manera. Máxime cuando sabemos que la desorganización de los trabajadores es la norma[15], que los sindicatos convocantes son minoría si no contamos con CCOO y UGT y su larga tradición traidora, y que incluso la ANC y Omnium Cultural con un empresario “moderno” a la cabeza convoca movilizaciones[16].
Y esto atendiendo únicamente a los trabajadores catalanes, porque la dinámica de las cosas (algo por lo que siempre se han criticado desde nuestras posiciones los planteamientos nacionalistas) hace que se establezca una división entre trabajadores de un lado y del otro de la nueva frontera que se está dibujando. La aparición de banderas españolas en muchas ciudades (cuando no de pajarracos o esvásticas) y de emisiones del himno a través de las ventanas, es el efecto colateral que seguro que muchos hemos apreciado últimamente en ciudades y pueblos fuera de Cataluña, algo que no se veía habitualmente.
Podríamos hacer futuribles sobre la república catalana con el beato Oriol Junqueras de Presidente o la nueva mayoría absoluta de Rajoy para el resto, pero incluso desistiendo de hacer apuestas el panorama no parece halagüeño en ningún caso.
Lo que creemos que es de absoluta necesidad es repensar el papel que se está jugando en todo este asunto, la incoherencia que mantenemos aturdidos por la corriente mayoritaria o los discursos de los medios de masas para consumo de la “izquierda”, y centrar de manera firme nuestros esfuerzos en el desarrollo y avance de la conciencia de la clase trabajadora, que nunca ha tenido patria.
CNT Transportes de Madrid


[1] Recomendamos el trabajo titulado “Que ardan todas las patrias”.
[2] Responsable de la ANC en Madrid: “Cataluña es la última colonia española”.
[3] Resultados de la ratificación de la constitución española de 1978.
[4] Por poner un solo ejemplo podríamos hablar de la reforma laboral de 2012 aprobada con los votos de PP, CiU, UPN y Foro, y la oposición de todo el resto de parlamentarios.
[5] En el acto de este año asiste el secretario de Organización de las juventudes, Joán Solá.
[6] “Yo sí voy a misa”, decía la portada.
[7] Incluso afirma haber tenido conversaciones con Ratzinger en el Vaticano.
[8] Algo lógico por otra parte, visto lo visto. Ojo a los resultados electorales, que no hay partido con un discurso nazi explícito en el resto de España que los obtenga.
[9] El “Monumento a la Batalla del Ebro” sigue siendo el monumento franquista de mayores dimensiones de toda Cataluña.
[10] Además de este artículo, no es difícil encontrar las homilías que se están haciendo hoy sobre el tema.
[11] La Vanguardia, y Diario12, respectivamente.
[12] Cifras del referéndum en eldiario.es
[13] En este artículo hay un resumen de esto que dijo: “Los españoles tienen todo el derecho del mundo a indignarse. Pero si quieren hacerlo como españoles, mejor será que no se confundan en el mapa y se manifiesten, se indignen, meen, pinten, griten e insulten allí donde les corresponde: en su país. Al fin y al cabo, no está lejos y está bien comunicado. Ese internacionalismo progre que va de apátrida, de anacional, de cosmopolita, cuando se expresa en el marco de una nación que no está normalizada políticamente está haciendo el juego al nacionalismo dominante: el español, por supuesto. Basta, pues, de complicidades ingenuas y de hacer el bobo con esa indignación de pacotilla.” No comment.
[14] El País 15-06-2011. Se encargaron de recordar que “no se puede parar la actividad del Parlament”. En 2015 el Supremo condenaría a 8 personas a 3 años de prisión.
[15] Este artículo en Solidaridad Obrera, reconoce lo afirmado: “La otra cuestión se sitúa en el contexto actual, en el que debido a la atomización de un movimiento popular que pueda hacer de contrapeso a la burguesía catalana y un movimiento obrero prácticamente inexistente carecerían de la necesidad histórica de las fuerzas represivas del Estado Español (Guardia Civil, Ejército…) para combatir dichos movimientos, más aún ahora que disponen de un cuerpo de Mossos d’Esquadra moderno y desplegado en todo el territorio.”
[16] Jordi Cuixart, su presidente, es propietario de Aranow Packaging Machinery y fundador de la fundación privada de empresarios FemCat.

[1] De esa experiencia salí convencido de que la militancia no está hecha para mí. Coincidió con una época (otoño del 2006) que la actual CNT considera como especialmente decadente, porque en lugar de dedicarse al trabajo estrictamente sindical se dedicaban a asuntos ideológicos y culturales. Lo que son las cosas, yo les echaba en cara que se dedicaban demasiado al sindicalismo y no a aquello otro que a mí me parecía lo interesante y lo que tenía futuro...
[2] En Barcelona conviven la CGT, la CNT oficial (con sus tensiones entre sectores reformistas y talibanes), la CNT desfederada y Solidaridad Obrera, si no me dejo alguno. Eso en lo que respecta a los sindicatos, aparte hay varios “colectivos”, entre ellos alguno abiertamente anarcoindependentista como Negres Tempestes. El que más me gusta es Embat, que nació para intentar romper el círculo y penetrar más allá de los ya convencidos pero que exigía que militases en alguna organización para poderte admitir...
[3] Una consecuencia del proceso supongo que no buscada por sus autores, que han resultado unos profetas bastante malos , es que parece haber traído aparejado un fortalecimiento del nacionalismo español que, por razones históricas, siempre ha sido muy débil (frente a lo que digan los nacionalismos periféricos y la izquierda evangélica que soportamos). Otra historia es que la torpeza infinita de Marianico el Corto vaya dando munición a la catalanada cuando más necesitada está...
[4] Por si fuera poco, escrito como a mí me gusta, con abundancia de notas a pie de página...