martes, 27 de junio de 2017

AUTORES, EDITORES Y LECTORES


 Si hace poco escribía sobre algunas pervivencias setenteras, estos días los periódicos informan sobre el enésimo caso de corrupción en la SGAE, “la rueda”, que también tiene sus antecedentes bien claros hace cuatro décadas. Entonces eran conocidos como “Los Tupamaros[1]” y se trataba de un núcleo de socios que falsificaba las listas de canciones más reproducidas en discotecas y fiestas populares para colocar en su lugar sus propias composiciones, absolutamente desconocidas.

En este caso se trataba de colar músicas en programas de televisión, bien fueran sus cancioncillas infames, que no hubieran sonado jamás en lugar alguno, o mediante “arreglos” de obras de dominio público que registraban como propias a cambio de favores fácilmente imaginables a algunos encargados de la programación televisiva[2]. En fin, de la rueda llevaba años hablándose, era un secreto a voces que ha acabado con algunos ingenuos que creían poder regenerar la SGAE desde dentro. Siempre parece haber fórmulas para que unos vivitos se lleven lo que en teoría generan los ciento veinte mil julais que registran allí sus músicas con la idea de recibir algo a cambio... No me extenderé mucho sobre el mecanismo del timo, que no contiene nada especialmente reseñable, pero aprovecharé la ocasión para divagar sobre algunas cuestiones relacionadas.

Un par de perfiles[3]

Rafael de Tena. Compositor, hermano del fallecido músico Manolo Tena. Fue expulsado de Telecinco por sus malas prácticas. Fue detenido y puesto en libertad bajo fianza de 100.000 euros. “Lidera otro grupo de personas en el ámbito de la rueda”, según el auto. “Mantiene fuertes contactos en varias televisiones que emiten sus repertorios como contraprestación de la cesión de derechos de obras y tratos de favor que por referencias consistentes se basan en el soborno”. Junto con otro autor, Juan Márquez, y tres empresas, habían registrado 14 temas hasta 2005, la cantidad pasa a 20.173 obras entre 2006 y 2012[4], con beneficios que superan los siete millones. Entre otras compañías, crea un centro de cirugía plástica y estética que “parece responder a objeto (sic) de invertir dinero obtenido irregularmente y acumulado durante todos estos años con procedencia la SGAE” (sic). En declaraciones a Europa Press, ha afirmado hoy que su implicación es “un disparate” y está “muy tranquilo”.

Aquí hay un primer lugar para la reflexión. No tengo en gran concepto a Manolo Tena, ni como músico ni como persona, pero he de reconocer que tuvo su momento de ventas, de conciertos y de fama pero su hermano... ¿qué méritos tiene aparte de haber nacido en la misma familia?
Es algo que se repite en la SGAE. Pensemos en sus dos rostros más conocidos de los últimos tiempos, para bien o para mal. Teddy Bautista... ¿quién puede decir qué aportó a la música después de cantar en la versión española de Jesucristo Superstar? Por si alguien no lo recuerda, que tampoco me extrañaría,, apunto que representó con mucha propiedad el papel de Judas. Pero de eso hace cuarenta años. ¿Y Ramoncín? Joaquín Sabina, que tampoco es santo de mi devoción, estuvo muy inspirado cuando dijo que los discos de Ramoncín no se vendían en el “top manta” porque estaban más baratos en El Corte Inglés...
Es una historia que se repite. El buen músico se gana la vida con sus actuaciones o sus alumnos. Algunos hasta redondean sus ingresos vendiendo discos porque, aunque parezca extraño, hay músicos que sacan más de lo que ponen con sus discos.

Aquí es donde entra en juego Juan Márquez, el otro “autor”. ¿Y quién es Juan Márquez? Sí, esta es difícil por lo dicho arriba, otra mediocridad andante cuya falta de talento le impedía ganarse la vida tocando o enseñando. Juan Márquez era el alma del grupo Coz. Coz quería dar el “pelotazo” y en una época que abandonaba una profunda represión sexual sacó la canción “Más sexy”, cuyo título invitaba, pero no acabó de cuajar... Después les salió medio bien con “Las chicas son guerreras”, pero llegó La Movida y les comió cualquier terreno en ese aspecto. Hay que pensar que en ese grupo estaban los hermanos De Castro, las almas de Barón Rojo, y lo del pop no terminaba de sonar sincero. Así que los hermanos fundaron su banda y se ganaron su sitio y los supervivientes probaron con el género, lo que en esos años se llamaba “rock duro”. Guardaron tan poco las formas que titularon Duro a su disco. Y les fue mal. Los “heavies” de entonces teníamos un extraño concepto de la autenticidad. Seguramente no hubiéramos sabido razonar por qué un grupo era “auténtico” y otro no, pero lo sentíamos. Y Coz no sonaba auténtico. Esto fue en el año 1982. ¿Qué fue de Márquez a partir de ahí? Copio al pie de la letra de la página oficial de Coz: “En 1992, Juan Márquez había sido nombrado Director General de EMI Music Publishing Spain&Portugal en 1994 Vicepresidente Editor de la SGAE, Presidente de la Asociación Española de Editores de Música, AEDEM, miembro del Board de la Federación Internacional de Editores de Música, IFPMP, Presidente de la Fundación de Artistas e Intelectuales por los Pueblos Indígenas de Ibero América, FAIPII, en 1996 Director de Sony ATV Spain y en 2001 Vicepresidente de Sony ATV para Latin América”.
Es un caso entre muchos de músico mediocre sin el menor conocimiento del negocio ascendido a directivo de grandes compañías.  ¿A alguien le extraña que la gran industria discográfica cayera de un soplo como la casa del más tonto de Los Tres Cerditos? Curiosamente, la gran industria editorial parece empeñada en repetir los mismos errores[5].

Brevísima historia de los derechos de autor

En el asunto de los derechos de autor se entremezclan dos conceptos. Hablaré aquí de obras literarias, no musicales, porque fueron las que dieron origen al concepto, lo musical vino después. En realidad, como veremos pronto, sería más propio hablar de derechos (y deberes) del editor, pues el autor no tiene vela en el entierro durante muchos siglos.
Si echamos un vistazo con perspectiva histórica, muy pocos autores han vivido de sus obras. Ese es un fenómeno que apenas tiene un siglo y medio de existencia. Durante la mayor parte de la historia de la literatura se escribía buscando lo que Juan del Enzina llamó la fama y la gloria. Y muchos solo la segunda. Hay tantas obras maestras que no están firmadas o lo están con seudónimo...  Los estudiosos de hoy, que maldita la cosa que entienden, andan en guerras sobre la paternidad del Lazarillo. Quevedo nunca reconoció ser el autor de El Buscón, la obra por la que más se le recuerda.
Hasta la invención de la imprenta se escribía por afán de enseñar, por vanidad o por algún motivo similar. Entonces algunos firmaban con el nombre de una autoridad del pasado por obtener una mayor difusión. Por eso hoy hablamos del Pseudo Aristóteles  o el Pseudo Alberto Magno, por ejemplo.
Pero la imprenta lo cambió todo. Desde ese momento cualquier libro tenía una posibilidad de reproducción teóricamente infinita. Y entonces nació lo que en inglés llaman copyright y en España se conocía como Privilegio. A cambio de un dinero pagado al fisco, un impresor obtenía la exclusividad para imprimir un libro durante un periodo, y si alguien lo imprimía sin haber llegado a un acuerdo con él, sufriría el peso de la ley.
En aquellos siglos solo vivían de escribir los que se dedicaban al teatro. Vendían su obra a una compañía teatral y esta hacía con ella lo que quería, pues para eso la había comprado. A tal punto que se llamaba autor al jefe de la compañía que la había pagado, no al dramaturgo que la escribió. Los escritores de otros géneros tenían la opción de vendérsela a un editor (entonces llamados libreros) o, más comúnmente, buscar un patrón que le pagase la edición o costearla ellos de su bolsillo.
Pero después sucedió que algunas de esas obras ganaron el favor del público. Y sus autores andaban quejosos cuando veían que ellos habían vendido el manuscrito al librero por seiscientas monedas mientras el otro podía obtener treinta mil de beneficio sin haber aportado ningún talento.
Ahí nace el concepto de derecho de autor. No se concibe como un impuesto al lector por el hecho de leerte sino como un reparto con el editor que se está aprovechando de la obra por la que ha pagado una miseria para hacerse rico. Es una cuestión entre autores y editores que deja al lector en paz.
Pero en algún momento del camino, en tiempos muy recientes, se ha virado la tortilla y se acusa de pirata, destructor del arte y yo qué sé qué barbaridades al que en otro tiempo era el único faro que guiaba al escritor; imaginar la satisfacción, el espasmo, la sonrisa o el llanto de tal o cual lector cando llegase a este o al otro párrafo... Ha pasado a ser un chacal que le roba su 10%. Lo cierto es que podían haberse vuelto hacia el editor y pedirle mitad y mitad, como hacen las distribuidoras con las editoriales pequeñas, pero hablamos de una gente muy especial.
Lo que cabe ahora, con estos salarios de miseria que tenemos, es cambiar la perspectiva histórica. Hubo una época en que unos cuantos se hicieron millonarios con sus porquerías. Hablamos de lumbreras como Arturo Pérez-Reverte. Pero esa época está a punto de pasar. Volvemos al momento en que la gente escribe por amor al arte, como en todos los siglos anteriores. Se acabó una anormalidad histórica. ¿Quién ha vendido más libros en la historia de la humanidad?
Agatha Christie  ¿Sería una gran pérdida que esta industria desapareciera?



Para mí escribir es como besar y quien cobra por los textos es como quien cobra por los besos.




[1] No he leído una explicación convincente de por qué llevaban el nombre de los sediciosos uruguayos. No olvido mi promesa y me ocuparé de ellos en el futuro. De los uruguayos, claro.
[2] Eso de los arreglos (en su gran mayoría destrozos) es una cosa kafkiana. Hasta el gobierno de Aznar, cada vez que sonaba la Marcha Real (el actual himno) los herederos de uno de esos arreglistas se embolsaban un dinerito. Y la forma de solventarlo no fue demasiado honrosa, les pagaron una pasta por renunciar a sus derechos. En realidad podían haber cambiado un par de acordes y registrarlo como un arreglo nuevo, de titularidad estatal, pero supongo que se trataba de una familia como hay que ser. En el caso de la rueda hay un detalle para llorar: registraron obras de Mozart por las que recibían derechos. Se sabe que Mozart y su esposa pasaban noches bailando para entrar en calor porque no tenían para echar un tronco a la chimenea...
[3] Tommaso Koch: “Los principales investigados del ‘caso rueda’ de la SGAE y las televisiones”, El País, 22/06/17. El País, como el resto de medios del grupo PRISA, en un tiempo concedió mucho espacio al infame Teddy Bautista, jefe indiscutido de la SGAE durante muchos años, para que expusiera su basura argumental sin la menor crítica.
[4] Hasta ahora se consideraba a Georg Philip Telemann el compositor más prolífico de todos los tiempos, con unas tres mil obras escritas en ochenta y seis años de vida. Un vago, comparado con estos linces. También es cierto que todo lo que escribió es muy bueno...
[5] Hablo de la gran industria porque aún hay sellos discográficos pequeños que son rentables, aunque cueste creerlo. Eso sí, a diferencia de los antiguos gigantes, siempre han tratado a su público con consideración y respeto.

martes, 13 de junio de 2017

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Leyendo un libro que me han regalado, encuentro un párrafo muy interesante:

“Por otro lado, para crear el deseado clima de alarma social, los medios no dudaban a la hora de publicar con todo detalle los comunicados policiales, comunicados que sin pudor inculpaban a todos los detenidos de las mismas acciones. Así, si el 7 de febrero de 1978 La Vanguardia atribuía al grupo autónomo desmantelado días antes el atraco en el Mercado Central del Pescado de Barcelona efectuado el 13 de octubre del año anterior, este mismo atraco era atribuido el 28 de febrero de 1979, también por La Vanguardia, a otro grupo desarticulado aquellos días. Y con el mismo motivo, crecía desmesuradamente el botín resultante del atraco. El 7 de febrero de 1978 se comunicaba que el botín había sido de 1.700.000 pesetas (unos diez mil euros), y un año más tarde, el 28 de febrero de 1979, había aumentado hasta los diez millones de pesetas (unos sesenta mil euros), según el mismo diario: La Vanguardia[1].

Hoy, casi cuarenta años después, esta forma de proceder suena familiar a los que siguen la actualidad. Ya he perdido la cuenta de a cuántos grupos se ha acusado de colocar el petardo que explotó en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Al final le tocó la china a un matrimonio de anarquistas chilenos, Mónica y Francisco, condenados en 2016 a doce años de prisión en un proceso tan surrealista que este año, tras las sucesivas apelaciones y rebajas posteriores, les acabaron ofreciendo la expulsión de España que, obviamente, aceptaron.
Ahora ya no hay apenas atracos, se han quedado anticuados. Los propios directivos se bastan y se sobran para descapitalizar bancos y cajas. No obstante, el proceso inflacionario se aplica a los daños producidos durante las manifestaciones combativas. (Que tampoco abundan demasiado hoy, todo hay que decirlo). Decenas de miles de euros en daños por media docena de papeleras quemadas. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos[2]...

En aquella época Rodolfo Martín Villa era el Ministro del Interior, con mando completo sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En 1977, cuando ocupaba el mismo cargo pero aún era Ministro de la Gobernación y mandaba sobre las Fuerzas de Orden Público[3] (FOP) declaró que en ningún caso se iba a proceder a ninguna purga o depuración en las FOP.
No es extraño que los buenos alumnos imiten a sus respetados maestros.
En descargo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hay que decir que tampoco parece que en la prensa se haya producido purga alguna.





[1] Joni D: Grupos Autónomos. Una crónica armada de la Transacción democrática, El Lokal, Barcelona, (2014), p. 176.
[2] Cierta huelga general de setiembre del 2009 en Barcelona. Por lo que pueda pasar, dejo claro aquí que salí de casa sin lumbre.
[3] Un acierto no haber variado las denominaciones franquistas en ambos casos, como ahora se verá...

martes, 6 de junio de 2017

A CALZÓN QUITADO



El alcalde de Cádiz, José María González Santos (apodado Kichi), ha condecorado con la Medalla de Oro de la ciudad a la Virgen del Rosario. Hasta aquí, todo bien. Conceder la medalla a quien más le apetezca es una de las atribuciones de su cargo. El problema es que Kichi llegó a la alcaldía como cabeza de lista de Por Cádiz Sí Se Puede, que era la versión local de Podemos. El resto es obvio. Podemos puso el grito en el cielo cuando el dúo tragicómico Fernández Díaz Cosidó condecoró a otra Virgen[1]. Uno diría que no se puede criticar una decisión y defender la otra.
Grave error.
A explicar la diferencia ha salido Juan Carlos Monedero, en otro tiempo una de las cabezas visibles de Podemos y hoy en la trastienda, como cualquiera que parezca hacer sombra al rostro que adornaba su papeleta en las primeras elecciones a las que concurrieron. Que se lo digan a Errejón, que lleva el mismo camino desde el momento en que reclamó un lugar propio[2].
Aproximadamente la mitad de su artículo se dedica a demostrar que las cosas son diferentes dependiendo de quién las diga. Incluso los chistes: “En los campos de concentración los judíos hacían chistes. Pero si los contaba un kapo o un nazi no eran graciosos”. Estoy seguro de que es problema mío, pero yo diría que si el chiste es gracioso, es gracioso. Tanto da si lo cuenta un rabino de Cracovia o el propio Hitler que, por lo que se sabe, tenía muy poco desarrollado el sentido del humor. La primera frase lo deja claro pero a la vez plantea un gran problema de apreciación: “No es lo mismo que un rico se burle de un pobre a que un pobre haga unas risas con la pobreza”.  ¿Cómo podemos entonces valorar el Lazarillo de Tormes? ¿Es una obra magnífica en la que un pobre se ríe de su pobreza (que va a ser que no) o es una sátira cruel de un rico hideputa que se burla de un pobre nacido, literalmente, en el arroyo? La respuesta es que es una obra maestra del humor y de otras muchas cosas que no son humor porque el buen trabajo se sostiene por sí mismo[3]. Siempre se ha dicho que el sentido del humor se demuestra cuando te hace gracia que otro se ría de tus defectos, pero en esta época de llorones ya no funciona así.
En su argumentación mezcla las burlas con las veras: “No es lo mismo que un trabajador o un autónomo digan que tenemos que trabajar más a que lo diga Díaz Ferrán, Presidente de la Patronal encarcelado por amigo de lo ajeno”. Hay más ejemplos. Demasiados, diría, que embrollan más que aclaran, pero este me gusta en especial porque demuestra que su autor ha vivido en un limbo laboral. Por decirlo con palabras más sencillas, que no ha tenido un trabajo de verdad en toda su vida[4]. Podía haberse arriesgado más, pero en su estrecho esquema (y ya veremos cuán estrecho es) el autónomo y el trabajador son los ejemplos andantes de aquello que está más allá de toda crítica. Sin embargo, ¿quién no ha oído a alguien decir que los autónomos usan todas las tretas imaginables para defraudar a Hacienda, robándonos como si fueran delanteros centro de equipos de la cabeza de la liga? Yo lo he oído muchas veces a muchos asalariados. En cuanto al trabajador, en fin, está más allá de duda por el hecho de serlo, aunque yo he conocido por experiencia personal a trabajadores que reventaban las taquillas de sus compañeros para robarles la calderilla. Y más de uno...
Sin embargo, si uno ha tenido una vida laboral mínimamente variada, puede conocer algún ejemplo de “jefe heroico”. Me refiero al mando intermedio que no deja clara su condición de jefe pegando gritos y tomando decisiones arbitrarias, sino trabajando más y mejor que nadie y que se rompe la cara ante la gran jefatura por defender a los que están bajo su mando[5]. Personalmente, yo apoyaría a ese jefe cuando dijera que tiene que trabajar más a un trabajador egoísta cuya incompetencia y dejadez sobrecarga de trabajo a sus compañeros o arruina el resultado final ante los jefazos, poniendo en peligro a todo el mundo sin importarle.
En fin, tras su sarta de ejemplos jocosos y serios llega a una conclusión que con mis rudimentarios conocimientos de Lógica diría que no se puede deducir de sus premisas, más aún si sirve como punto de partida de lo que sigue después: “Cuando hay víctimas y culpables, el punto medio no está en repartir culpas”.
Sinceramente, yo aquí ya estoy perdido... ¿qué relación tienen la culpa, las víctimas y el equivocado punto medio con poner una medalla a una talla de madera?
Quizá se deba a que tampoco conozco una nueva categoría humana: los humildes. Monedero no la define con claridad pero ofrece algunas pistas: “No es lo mismo que los humildes celebren a la Virgen, en su mundo sin grandes esperanzas, a que la celebren los que cierran a los humildes sus esperanzas. (...) Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja más tiempo para los poderosos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste más o menos, hay que respetarlo”.
Voy a hacer una traducción libre y, como tal, seguro que el autor de las frases no se verá reflejado en ella, pero lo primero que yo entiendo es que los humildes no son como nosotros. Se rigen por una lógica especial, por eso es necesario explicar sus decisiones, porque no resultan comprensibles para los no-humildes. Por ejemplo, un cacho de madera ricamente vestido y enjoyado les ayuda a imaginar un futuro mejor. Nosotros sabemos que la única vida que puede albergar ese leño será la de la carcoma, la termita o la  de algún otro insecto xilófago que consiga introducirse en un bocado tan apetecible para ellos. Pero los humildes ahí no llegan, se quedan un poquito más abajo, por eso hay que tratarlos con cariño y comprensión aunque en el fondo sepamos que están profundamente equivocados. Los que son padres saben el derroche de ternura que hay que emplear cuando tu hijo pequeño pide a los Reyes unas gafas mágicas para que el abuelo ciego pueda verlo todo...
Unos días después, el mismísimo Pablo Iglesias aportaba su punto de vista a la cuestión, aunque no puedo decir que ayudase a clarificarla[6]. Dice que “Para alguien de Madrid suena raro y no encajaría en otros ayuntamientos que gobernamos”. A riesgo de olvidar alguno de los ayuntamientos en que gobiernan, la idea que saco es que al menos en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y Zamora no hay humildes. Si no, no habría ningún obstáculo para que lo entendieran. Para terminarlo de arreglar, luego añade que “Los urbanitas[7] de izquierda tenemos que aprender a respetar esas tradiciones tan arraigadas en el pueblo”. Esta es buena. Resulta que Cádiz fue la ciudad más rica y culta de España mientras Madrid era Villa con Corte[8], así que los humildes de Cádiz deben ser de derechas, porque urbanitas ya son desde hace siglos.
En fin, desisto de intentar clasificar a esta raza aparte por falta de datos coherentes.
En el último párrafo, Monedero se centra en el alcalde gaditano: “Kichi seguirá escribiendo, cuando escriba de política, que hay una iglesia que nunca ha viajado a los barrios pobres, recordará que tras la II República y durante el franquismo nos volvieron a llevar a comulgar literalmente a hostias e, incluso, dirá que poco a poco nos iremos atreviendo a saber que no hay primeros motores inmóviles y que la bondad y la solidaridad reposa en nuestra propia humanidad y no en forma de depósito de alguien que nos tutela”. Es decir, Kichi, como licenciado en Geografía e Historia que es (como vuestro humilde servidor, que ostenta el mismo pedestre título, aunque yo puedo añadir “especialidad en Historia Medieval”), recordará que tras la II República y durante el franquismo (¿acaso hubo una etapa intermedia entre la República y el Franquismo?) pasó nosequé y nosecual. Lo de decir que no hay Dios (que eso es lo que encubre con los jodidos eufemismos de motores y depósitos) costará más tiempo. ¿Por qué? Si, como dice él, nos volvieron a llevar a comulgar a hostias, era porque entonces no nos lo creíamos. ¿No bastaría con recordar que ya entonces no nos lo creíamos?
La explicación no tiene desperdicio: “Pero hoy Kichi es Alcalde de Cádiz y de todos los gaditanos. Y de la misma manera que está bien que no impulse nada que nos quite la responsabilidad de nuestros actos, hace bien en escuchar al pueblo en el momento concreto en el que vive el pueblo, que es el ahora. Porque en un mundo emancipado es verdad que o no habrá ni dioses ni vírgenes o habrá miles. Pero mientras tanto, gobernamos para el pueblo que está ahí. Y gobernamos sabiendo que no es lo mismo el poderoso que el humilde, aunque coincidan en algunos sitios. Kichi no es el alcalde de mañana. Es el alcalde de hoy”.
En un texto muy poco recomendable[9] encontré uno de los mejores insultos que he leído en mi vida: lengua sin manos. Apenas mes y medio después de constituidos los “Ayuntamientos del Cambio”, en julio del 2015, el primer gobierno europeo “del cambio”, el de Syriza en Grecia, convocaba y ganaba un referéndum sobre el rescate que significaba la salida de  Grecia de la Unión Europea en caso de hacer valer el resultado. La incógnita no duró ni cuarenta y ocho horas. Los del Cambio se bajaron los pantalones sin mayor problema, quién sabe si tras consultar a los humildes de Grecia.  El año pasado los conservadores británicos convocaron un referéndum que ganaron y el mundo contuvo el aliento. Porque, a diferencia de los payasos cambistas griegos, este iba en serio. Y los otros, los del cambio, lenguas sin manos.

Cuando Kichi entró en su despacho de alcalde sustituyó el retrato del rey que ya no reinaba pero seguía siendo rey por el de Fermín Salvochea. No hace falta salir de la Wikipedia para encontrar algunos datos sobre su actividad: “fue alcalde de Cádiz durante la Primera República donde tomó numerosas medidas para limitar la influencia de la iglesia. Desalojó a las monjas de la Candelaria  de su convento, sustituyó en las escuelas la enseñanza de “religión” por la de “moral universal”, prohibiendo cualquier dogma positivo alguno. Las escuelas con nombres de santos, recibieron nuevos nombres como La Razón, La Igualdad o La Armonía. También cambiaron el nombre de las calles dedicadas a santos por otros laicos como Voltaire, Juárez, Jacobinos, etc. Se suprimieron las fiestas religiosas y se creó una fiesta cívica del advenimiento de la República Federal”.
Uf, parece evidente que Fermín Salvochea no era un alcalde de hoy sino un alcalde de ayer que trabajaba para el mañana... Querido Kichi, si aún te queda un poco de vergüenza, retira el retrato de Fermín y coloca en su lugar la tira de Mafalda que te adjunto. Te representa bastante mejor.
De nada.





[1] Este es un pequeño problema teológico. En realidad debería haber escrito “a otra advocación de la Virgen” porque Virgen solo hay una, venerada bajo diferentes nombres. Sin embargo, no lo parece. La iglesia católica ha jugado mucho con esa ambigüedad, en parte por razones económicas pero sobre todo porque consideraba que era una manera de acrecentar la fe, aunque los teólogos sabían que era una fe meramente superficial. Los protestantes, que no otorgan un papel especial a la Virgen, se mueren de risa cuando ven que los católicos adoran a centenares de vírgenes diferentes, porque es algo realmente difícil de entender. Hay un documental titulado Rocío, dirigido por Fernando Ruiz Vergara en 1980 (y disponible en YouTube) que, aunque contiene algunas simplificaciones históricas, pone los pelos de punta...
[2] Juan Carlos Monedero: “¡Ahí va, la virgen!”, Público, 28/05/17.
[3] Como anécdota, una vez vi en televisión a un humorista contar un chiste que aparece en el Lazarillo, sustituyendo a Lázaro por “un gitano”. Eso sí que es un chiste viejo, cuatro siglos y medio de antigüedad. Y le funcionó, por supuesto. El buen material no envejece con el tiempo.
[4] Lo que en inglés llaman a real job, idioma del que creo lo hemos adoptado.
[5] Quizá yo haya tenido mucha suerte, pero he conocido a más de uno/a.
[6] Pedro Ingelmo: “Pablo Iglesias: “La medalla a la Virgen de Cádiz es una decisión muy laica”, Diario de Cádiz, 03/06/17.
[7] Según el diccionario de la RAE, esa espantosa palabra deriva del inglés urbanite. No esperaba menos...
[8] Hablo de buena parte del siglo XVIII. La fórmula “Villa y Corte” nació después.
[9] El Poema del Cid, a primera vista heteropatriarcal, islamófobo, antisemita, eurocéntrico, belicista, especista y yo qué sé cuántos delitos de opinión más podrá acumular...

lunes, 15 de mayo de 2017

A LA VEJEZ, VIRUELAS...

Lluís Llach ha aparecido en la prensa por unas declaraciones muy llamativas en las que afirma que “En el momento que tengamos la ley de transitoriedad jurídica, ello obligará a todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña. El que no la cumpla será sancionado. Se lo tendrán que pensar muy bien. No digo que sea fácil, al revés, muchos de ellos sufrirán. Porque dentro de los Mossos d’Esquadra hay sectores que son muy contrarios[1]”.

Siempre me ha gustado la música de Lluís LLach. L’Estaca era una de las canciones favoritas de mi infancia aunque no entendiera ni papa de la letra y he escuchado cientos de veces los discos que considero sus clásicos como el Viatge a Itaca, lleno de impulso épico, su potente directo de 1976 o el dramático Campanades a morts, dedicado a los obreros muertos en Vitoria el 3 de marzo de 1976.
Pero no fue un proceso continuo. De niño escuchaba L’Estaca y corría por el pasillo de casa con una bandera que me había hecho con la funda de un colchón viejo[2], pero no fue hasta bien cumplido el cuarto de siglo cuando me empecé a interesar en serio por la música de Llach.
Como suele suceder, escuché sus discos en desorden, a medida que me iba haciendo con ellos, y pronto descubrí que me gustaban mucho más sus primeros discos que los siguientes. Por poner dos ejemplos aparte de los tres ya citados : Com un arbre nu, publicado en 1972, que contenía un homenaje instrumental al Che Guevara (o al menos así lo he entendido siempre) y una divertida canción dedicada a un censor, aparte de clásicos como La Madame o La gallineta; o su primer directo, grabado en el Olympia de París (tuvo que salir corriendo porque el futuro demócrata Martín Villa quería meterle en la cárcel), un disco de una variedad asombrosa.
Pero a partir de 1980 (por poner una fecha redonda, en realidad debió ser antes), sus discos me parecían mucho menos interesantes. Alguno francamente aburrido. Su directo en el Camp Nou muy celebrado porque según se dice es el único solista que ha conseguido llenar el estadio , nunca ha conseguido transmitirme la pasión que rezuma el del 76. Ni por parte del artista ni por la del numerosísimo público.
De sus últimos veinticinco años de producción apenas salvo un par de discos: Un pont de mar blava, por su ambición, en la estela del Viatge a Itaca, y Nu de nuevo un directo , por todo lo contrario, por su sobriedad. Él solo canta y se acompaña con el piano o la guitarra. Del resto recuerdo bien poco, alguna canción suelta...

Esta situación me planteaba preguntas. ¿Podía decir que me gustaba Lluís Llach si solo apreciaba los discos que había grabado antes de que me afeitase, apenas una fracción de su carrera? Y una ocasión me resolvió la duda. Tuve la oportunidad de ver a Lluís Llach en directo por primera vez en mi vida. Fue en Salamanca, calculo que en 1998.
La respuesta fue un rotundo. Un concierto hermosísimo, un gran recuerdo. Llach se entregó a fondo, defendiendo el repertorio él solo. Emotivo, humorístico, apasionado...
Ofreció todos sus clásicos o los que yo considero como tales , uno detrás de otro. Había leído que Llach odiaba cantar L’Estaca pero en aquella ocasión la cantó sin que nadie se la pidiera y quien la sabía la coreaba y quien no, entonaba la melodía , porque, como dijo, “nos vemos tan poco...”.
Durante los años siguientes apenas supe de él. Me interesaba en otras músicas pero escuchaba sus discos de vez en cuando. Los siete ya mencionados que tenía “en soporte físico”, como se dice hoy[3]. En 2001 leí que, para conmemorar los veinticinco años de la matanza de Vitoria, en sus conciertos interpretaba una versión condensada de Campanades a morts y me pareció magnífico. Por decir verdad, en realidad tuve que deducirlo porque la noticia de El País mencionaba algo llamado Campanadas de amor. En fin...
Volvimos a vernos el 3 de marzo del 2006, trigésimo aniversario de la matanza de Vitoria, en un homenaje a los cinco muertos de 1976. El concierto comenzó a pedir de boca, con Abril 74, uno de mis clásicos y al parecer de mucha más gente, pues fue muy coreado y celebrado al acabar. Y después de eso, cuando esperábamos la colección completa, un surtido de canciones tan raras que tenía que explicarlas primero, como si pidiera perdón inconscientemente por darnos la tabarra de esa manera[4]. Pero la segunda parte del concierto ahuyentó cualquier resquemor. Una versión  impresionante de Campanades a morts precisa, emotiva, desbordante... El público se entregó por completo. Y tras la salva rendida de aplausos era evidente que  queríamos más[5], queríamos algo que no hacía falta nombrar, que hasta el más tonto podía entenderlo... queríamos L’Estaca.
Y no nos la dio. Y como no nos la dio, comenzamos a cantarla sin él.
Fue patético.
Al oír que pensábamos cantarla con su compañía o sin ella, apareció corriendo por el escenario como alma que lleva el Diablo a  corre – cuita, que dicen en Cataluña , se sentó al piano y se agregó al coro como pudo...
No entendía nada pero la gente con la que fui al concierto, tampoco. Por una vez fui capaz de callar la boca y esperar a ver lo que decían antes de emitir mi opinión. Y coincidía. Un concierto que había  empezado de forma muy prometedora y a partir de ahí había caído en picado con canciones cada vez más raras y absurdas hasta el descanso y en la segunda parte, una interpretación de una tensión emocional impresionante para volver a joderla en los bises... Pitos y palmas, que dicen los críticos taurinos. Pero, al menos en mi caso, reunidos en la misma persona.
Esta experiencia me planteó muchas preguntas que son más viejas que el mundo pero no por ello menos pertinentes, que se podrían resumir en una de forma algo grosera: ¿quién es el propietario de una obra, el artista que la crea o el público que la recibe y se apropia de ella?

Quien lea la entrada que inició este blog en otoño de 2014 podrá tener claras dos cosas. Una, que no soy sectario hablando de cuestiones artísticas. Es evidente para cualquiera que haya visitado estas páginas que la ideología de Dios y Rey de Quevedo me repugna. También debe serlo que como escritor me encanta y moriría por haber recibido una brizna de su talento. La segunda es que admito las contradicciones. Tanto la cita de Maquiavelo sobre la imitación de la naturaleza como la que da título a esta página apuntan hacia allá.  
En el caso de Lluís Llach es que tengo muchos problemas para establecer las fronteras. Llach no se hizo famoso por cantar al amor sino por exponer con mucha habilidad y talento preocupaciones políticas, sociales o como se quieran llamar, no por cantar a la ternura, las bellezas del Ampurdán y las flores, aunque es cierto que empezó su carrera con esos temas y nunca los abandonó. Por lo tanto, desde el momento en que encontró un hueco por abordar cuestiones ideológicas, no creo que sea una cuestión sectaria explorar hasta dónde llegan sus contradicciones ideológicas e incluso estéticas.
Empezaré con estas porque, en principio, resultan menos dolorosas, pues refuerzan una idea que ya había apuntado. Preguntado recientemente por su pieza preferida[6] menciona dos: Som tu i jo y Amor t’estimo i tant t’estimo. La primera la conozco, aparecía en Nu, pero ahora mismo no sería capaz de tararearla, no parece que me haya causado honda impresión. La segunda, que en realidad se tituló Només per a tu, ni siquiera soy consciente de haberla escuchado, pese a haber escuchado su discografía completa. La editó El Periódico y está disponible en una de las bibliotecas de mi barrio. Respecto a Campanades a morts dice que “sabía que estaba haciendo una pedantería”.
Queda respondida así mi duda. Salamanca fue un espejismo y Vitoria la realidad. Me queda el que el refrán llama consuelo de tontos, pues los diarios se llenaron de cartas de seguidores que no entendían nada...
En cuanto a las contradicciones ideológicas, ese parece un asunto más serio. Se difundieron mucho esas declaraciones pero bastante menos otras que reflejaba el mismo periodista un par de días después, quizá porque se publicaron en la edición catalana del diario[7]. El artículo dejaba claro que Llach pertenece a la corriente más desaforada del independentismo catalán, que no se puede decir que sea un movimiento que, en general, tenga los pies en la tierra.
Por ejemplo, decía sin que le entrara la risa que Cataluña es la cuarta economía de Europa. Tengo claro que Alemania es la primera pero no el resto del escalafón.  Sacaremos fuera a Gran Bretaña, suponiendo que cuando dice Europa quiere decir Unión Europea, aunque aún forme parte de ella. Supongo que detrás van Francia e Italia, no sé en qué orden, y detrás Cataluña. Lo que, por supuesto, se contradice con el lema independentista de llegar a ser como Austria o Dinamarca. Eso sería claramente retroceder puestos. Y si a eso añadimos que “cada catalán aporta a Europa más que un francés y casi igual que un alemán”, cualquier lugar por debajo del segundo puesto debería considerarse una derrota. Una Cataluña independiente no puede contentarse con tan poco...Quien sienta curiosidad puede leer el artículo entero, que no le defraudará. Hay para dar y regalar o, como se dice en catalán, para alquilar sillas.
Por mi parte, solo me ocuparé de dos cuestiones, por no alargar demasiado el texto. Una es anecdótica. Ahora Llach “pide que se eviten noticias de La Vanguardia y de El Periódico” porque considera “recalcitrantemente unionistas” a estos diarios. La Vanguardia ha sido de todo, hasta La Vanguardia Española, volviendo siempre el rabo hacia donde soplaba el viento, pero de El Periódico se puede decir sin miedo que desde que se fundó apenas ha variado su línea editorial. Sin embargo, poco le importó su unionismo recalcitrante cuando vendía su discografía completa...
La segunda me parece mucho más seria. Lluís Llach es homosexual orgulloso de serlo y siempre se ha distinguido en las reivindicaciones del colectivo. En su época extraviada, a fines de los setenta y primeros ochenta, formaba en un partidito llamado Nacionalistes d’Esquerra y él fue encargado de redactar la parte correspondiente a los derechos de los homosexuales.
Ahora plantea futuras sanciones contra unos cuantos mossos por “españolazos”, pero cuando en octubre de 2013 el empresario Juan Andrés Benítez, también gay convicto y confeso, fue reducido por los mossos de tal manera que no volvió a levantarse, no recuerdo haber oído su voz pidiendo sanciones.
Quizá susurraba, como en esas cancioncillas de mierda que considera lo mejor de su producción...






[1] Cristian Segura: “Lluís Llach: ‘La Generalitat sancionará a los funcionarios que no acaten la ley de desconexión’”, El País, 25/04/17.
[2] Solo los que vivieron los años 70 pueden hacerse una idea de hasta qué punto apasionaba la política hasta a los que entendíamos maldita la cosa de ella. Ya he contado alguna vez que muchos niños de esa época coleccionábamos pegatinas políticas. Claro que entonces éramos tan raros que también coleccionábamos sellos, monedas, fósiles, minerales o mariposas...
[3] Entonces no había otro. Apple era una compañía que había perdido el paso y vendía unos ordenadores que solo compraba la gente que se dedicaba a asuntos relacionados con el diseño, que se suponían mejores para ese cometido. Lo de iTunes creo que aún no existía ni como posibilidad.
[4] Aunque ahora suene muy remoto, en aquella época se estaba tramitando el segundo estatuto de autonomía catalán. ¡Cantó canciones inspiradas por el segundo estatuto! ¿Quién conocía aquello, siquiera en Cataluña, no digamos ya en Vitoria? En el descanso hablé con catalanes que tampoco entendían nada...
[5] Creo recordar que hubo bis, una repetición de parte de Campanades, pero desde luego lo que sigue lo recuerdo muy bien, sin duda alguna. Hay un libro de Juan Miguel Morales López y Omar Jurado que da una versión diferente. Ellos sabrán por qué mienten...
[6] Marià de Delàs: “Lluís Llach: “Somos el acta notarial del fracaso del Estado español””, Público, 18/02/17. Hay versión catalana en el mismo diario. Supongo que es la original pero utilizo la castellana por comodidad.
[7] Cristian Segura: “Lluís Llach, un símbol al rescat del procés”, El País, 27/04/17.

jueves, 27 de abril de 2017

EL QUE SABE, SABE...




El otro día recuperaban un programa de investigación sobre la que se conoció como “guerra del pan” en el año 2012.
En setiembre de ese año en Quart de Poblet un lugar de 25.000 habitantes a cinco kilómetros de Valencia al que se puede llegar en metro , un tal José Navarro desataba un torbellino al comenzar a vender barras de pan a veinte céntimos de euro. Entonces el precio medio era de 59 céntimos.
Hasta ese momento, Navarro era un panadero más del gremio que llevaba un pequeño negocio heredado de su padre. La impresión general de sus compañeros era que Navarro solo era la cara visible de un negocio que habían concebido otros y el documental parecía apoyar esa hipótesis.
En cualquier caso, la ofensiva iba en serio. La novedad fue muy bien acogida por los compradores, capaces de hacer cola durante más de una hora para comprar un pan más barato, y ese éxito inicial llevó a una política de expansión que está en la página siguiente de los manuales que escriben los ideólogos que se hacen llamar economistas.
Los otros panaderos no se quedaron de brazos cruzados. Aparte de expulsarle del gremio, acosaron sus negocios hasta tal punto que sus obradores recibían una visita de inspección cada semana y contraatacaron vendiendo pan a veinte céntimos, pese a que reconocían que con esas barras perdían dinero. Varios de ellos murieron del esfuerzo...
Pero bien se dice que quien golpea primero, golpea dos veces. Imparable, Navarro proseguía su expansión. En 2014 facturaba 8.400.000 euros, tenía cincuenta puntos de venta con unos quinientos empleados y vendía 50.000 panes al día. Hasta el gigante Mercadona, golpeado en su tierra natal, llegó a ofrecer “cinco panes tipo bocadillo” por un euro.

Los autores del reportaje consultaron a diversos expertos. Incluso hicieron analizar una de las polémicas barras en un laboratorio y la conclusión fue que aunque sus valores nutricionales eran algo más pobres que los del pan corriente, eran perfectamente comestibles.
El ideólogo de turno consultado en esta ocasión era un tal Gonzalo Bernardos. Extraigo su impresionante currículum de su propia página. Aunque no estoy seguro de si el orden correcto es de arriba abajo o de izquierda a derecha, usaré el primero: Analista y consultor económico e inmobiliario. Profesor Titular de Universidad del Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. Profesor del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals. Comisionado de Recursos Económicos de la Universitat de Barcelona (diciembre 2008 – diciembre 2009). Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya. Vicerrector de Economía de la Universitat de Barcelona (enero 2010 – octubre 2012). Director del Master en Desarrollo Personal y Liderazgo. Director del Master de Asesoría y Consultoría Inmobiliaria de la Universidad de Barcelona. Director del Master de Creación, Gestión y Desarrollo de Franquicias de la Universidad de Barcelona.
Decía varias cosas, pero recuerdo dos en especial. La primera era su diagnóstico de futuro: José Navarro era el que estaba haciendo las cosas bien, y a los demás más les valía tomar nota y hacer lo mismo que él estaba haciendo. Quedaba claro que Navarro era el futuro y el resto de obradores el pasado que se resistía a morir. La segunda era la explicación de su éxito: José Navarro triunfaba porque había aplicado una economía de escala.
Para quien no esté versado en la jerga de los ideólogos, aporto aquí una definición que aparece en una especie de “diccionario económico” del diario Expansión redactada por Begoña Blasco Torrejón: “En teoría económica se dice que aparecen Economías de Escala cuando es posible aumentar la producción por encima de lo que se elevan los costes. En suma, hay economías de escala cuando el coste por término medio disminuye a medida que aumenta la producción”. Pero la voz de Wikipedia “Economía de escala” añade un matiz importante: “El concepto de “economías de escala” sirve para el largo plazo”.

Y si en 2014 vendía 50.000, “se especula que llegó a vender 250.000 panes al día[1]”. El problema es que si en 2014 facturaba 8,4 millones de euros, sus gastos eran de 8,6 millones.
Suena triste pero lo que pasó es una reproducción exacta de aquel viejo chiste sobe un industrial de Eibar que perdía dos céntimos con cada tornillo pero no le importaba porque vendía muchos...
Hoy en día Navarro ha vuelto a los niveles más bajos de la panadería, gana menos de mil euros mensuales y debe más de trescientos mil. Nada se sabe de aquellos que parece que le empujaron a la aventura.

El experto Bernardos no se salía del manual de la tribu: innovar, arriesgar, emprender, el 90/10 y el “si quieres puedes” de los que hablaba hace poco. Hasta aplicaba el conjuro de una hipotética “economía de escala” sabiendo que el concepto no era posible en este caso.
Por supuesto, cualquier mente que operase lógicamente podía deducir que los expertos a los que había que escuchar eran el resto de panaderos que decían que era imposible ganar dinero vendiendo pan a veinte céntimos.
Como dato curioso, Gonzalo Bernardos tiene una sección en su página llamada “Predicando y acertando”. Contiene un solo artículo sobre el precio de la vivienda, publicado en 2006. No parece un balance a la altura de su curriculum...
¿O sí?[2]



[1] El reportaje pertenecía a la serie “Equipo de Investigación”, que creo que se emitió en Antena 3 aunque yo lo vi en La Sexta. Todas las cifras proceden de Martín Mucha: “El rey del pan: de vender millones con barras a 20 céntimos, a la ruina”, El Mundo, 05/03/16.
[2] Para intentar salvar los muebles, los periodistas económicos dicen que el efecto beneficioso de esa “guerra del pan” fue que Lidl y DIA bajaron el precio de sus barras a 39 céntimos. Ellos saben o deberían saber que esa decisión no obedece a la amenaza de Navarro sino a la llegada de las masas congeladas. Por otra parte, basta una operación matemática de Primaria para darse cuenta de que el precio de venta es el doble de las barras que vendía Navarro.