jueves, 21 de septiembre de 2017

SOY UN RESENTIDO. Y LO QUE DISFRUTO...


 Ayer escuchaba en Catalunya Radio a un tal Kílian o Kilian Sebrià que hablaba de “estado de excepción” e inmediatamente informaba de que había miles de personas en una concentración sin autorizar. Supongo que cualquier persona con edad suficiente como para recordar los estados de excepción franquistas como el de 1969, no digamos ya los iberoamericanos exiliados por razones políticas, reiría o lloraría al escuchar semejante cosa. Bajo un estado de excepción una reunión de más de diez personas se disuelve a tiros. Ese analfabeto político debería saberlo.
Pero hoy estoy de buen humor y si este periodista de mercadillo quiere llamarlo así, sea. El caso es que el causante de este “estado de excepción” es un juez, Juan Antonio Ramírez Sunyer, y he encontrado un perfil suyo bastante interesante en la prensa de hoy.

Primero una de reír: “en 2016 fue condecorado por los Mossos d’Esquadra por su trayectoria profesional, junto con otros magistrados y unas 230 personas más, en el Dia de les Esquadres, un acto presidido por Carles Puigdemont”. Ay, ahora se tirarán de los pelos, pero entonces pensaban que tenían un buen motivo...
Prosigue el artículo: “Es en su actual destino donde más enemigos se ha granjeado, principalmente entre representantes del colectivo anarquista y okupa. En 2004 ordenó prisión preventiva de dos vecinos de l’Hospitalet de Llobregat de 18 y 19 años por participar presuntamente en un ataque con cócteles Molotov a una comisaría en el Distrito de Sants de Barcelona. Ramírez Sunyer consideró que existía “riesgo de fuga”. Permanecieron en la cárcel unos dos meses hasta que salieron en libertad. En el juicio fueron declarados inocentes por lo que después de una reclamación al Estado tuvo que indemnizarlos por el tiempo pasado en prisión. Un año después también ordenó cárcel para varios anarquistas que habían participado en una protesta de apoyo a compañeros de Italia y en 2006 envió a la cárcel a un anarquista detenido por poner artefactos incendiarios en bancos. Por eso, el grupo anarquista Las Brigadas de la Cólera le envió un paquete bomba, que fue desactivado por los TEDAX antes de explotar, por su “especial celo en perseguir la disidencia anarquista y antiautoritaria””. Fin de la cita, que diría aquel[1].

La memoria es un artefacto curioso. Tomemos como ejemplo la memoria de las buenas familias de Cataluña, los que aquí llaman “de casa buena”[2]. Suelen olvidar los orígenes de sus fortunas. Últimamente han aparecido estudios que demuestran que la de la familia de Artur Mas procede del tráfico de esclavos. Vulgares “negreros” que compraron su honorabilidad con un dinero de la procedencia más sucia posible pero, como digo, la memoria obedece a sus propias reglas, no siempre fáciles de entender. Han hecho cargar con toda la culpa a Antonio López, el charnego (hoy dirían español), y quieren tirar su estatua en un exorcismo colectivo como si su muerte simbólica purgara los pecados del resto. Tampoco suelen pararse a explicar cómo durante el Franquismo una familia podía salir más rica de lo que entró sin haber sido al menos neutral. Lo digo así de suave porque hoy estoy más alegre que otra cosa. En este caso no hay chivo expiatorio porque está todo demasiado cercano aún y las familias están demasiado mezcladas como para que no les salpique por un lado u otro.
Sin embargo hay algo que tienen bien clavado, bien metido en la mollera, me atrevería a decir que grabado en el ADN: el malvado enemigo anarquista.
Sí. Recuerdan muy bien la única vez que han pasado miedo en su vida. La única vez en que el dinero no servía para salvarles. Peor aún, la única vez en su vida en que ese dinero podía condenarlos a muerte.
Sus verdugos eran los anarquistas. No es este lugar para entrar en si tenían o no razón, si matar es lícito o si la violencia anarquista se quedó muy por debajo de la violencia patronal. Quien quiera ilustrarse sobre el tema tiene bibliografía de sobra y para todos los gustos. No hablo de historia sino de memoria. La burguesía catalana temía y odiaba al anarquismo y supo transmitirlo a sus descendientes y estos a sus perritos falderos.

La consecuencia es que para los del proceso condecorar a un juez que empura anarquistas es la cosa más lógica y natural del mundo y los gilipollas que quieren relacionar el proceso con el anarquismo son sólo eso, gilipollas.
Así que ayer les escuchaba pidiendo cuentas a Europa por haberles abandonado[3] y recordaba que cuando los míos cobraban de mala manera ellos estaban en casa viendo el partido del Barça bebiendo el brebaje infame que comercializan los herederos del ministro franquista Carceller.
Por mi parte, rencoroso y vengativo como soy, me estoy dando una buena ración de sofá y palomitas, como dice un amigo. Y cerveza digna de ese nombre...





[1] Germán González: “Un juez veterano y antianarquista”, El Mundo, 21/09/17. Las negritas y cursivas son suyas.
[2] Hay otro nombre más gracioso, “los de la cebolla”, pero nadie me ha dado aún una explicación sobre su origen que me satisfaga completamente.
[3] Uno de los momentos más hilarantes de una jornada que fue de mucho reír. Mientras se quejaban ante el silencio europeo una mujer les dijo “¿De qué os quejáis, si los ingleses ya nos dejaron tirados en 1714?”. Juro que no me lo invento.

martes, 19 de septiembre de 2017

DESEOS Y REALIDADES



Una idea extraña

El referéndum  está servido. Emplatado de forma un tanto antihigiénica pero ya está encima de la mesa, listo para consumir.
Si algo me ha llamado siempre la atención de este proceso, tan aburrido por repetitivo, es la actitud de la que podríamos llamar ala izquierda del soberanismo. El estímulo ha sido un artículo de Eudald Carbonell, uno de los excavadores de Atapuerca, pero en realidad sólo sirve de pretexto, de él apenas voy a comentar una frase que me ha llamado la atención.
Escribe que “tanto los comunistas como los anarquistas queremos la supresión del Estado cuando el pueblo tenga la conciencia crítica suficiente y sea capaz de autogobernarse”[1]. A pesar de su cuidadosa redacción para evitar decantarse, apostaría a que anarquista no es. El anarquismo propugna la supresión inmediata del estado una vez producida la revolución, mientras el comunismo es efectivamente partidario de mantener el estado como forma de transición. Lo de la toma de conciencia del pueblo parece un asunto largo, la URSS no llegó a conseguirla en más de setenta años...
Esto tiene su importancia, no se trata de un mero tecnicismo de teoría política. Lo que viene a indicar es la diferencia entre uno y otro modelo ideal de revolución[2]. Si los anarquistas suprimirían el estado desde el inicio es porque la revolución solo podría llegar cuando una buena mayoría de la gente ya fuera anarquista y no hiciera falta explicarle nada. Sin embargo, el modelo comunista aspira a la toma del poder de cualquier forma, sin desdeñar alguna tan ligada a la derecha clásica como el golpe de estado. Obviamente, si una minoría se hace con las riendas del estado de cualquier manera, necesitaría convencer de las bondades de prescindir de él a un pueblo que hasta entonces sólo ha sido espectador. El problema es que de ese modo el estado nunca desaparecerá y además acabará por dar en una forma de tiranía. Ya se lo señaló Bakunin a Marx durante los debates de la Primera Internacional y la profecía se ha cumplido con precisión absoluta desde entonces, como no puede ser de otro modo.
El espejismo del que quiero tratar lo resumía muy bien el otro día el tardo Tardà con su frase “Adiós corrupción, bienvenida república”.
Un movimiento que nace desde abajo y que va a generar un proceso constituyente de raíz popular que pondrá todo en cuestión, esa es la imagen que presentan los procesistas de izquierdas. De ser verdad sería el sueño del anarquista y sin embargo...
Hay un detalle que encuentro muy interesante y es que con los años ha cambiado el momento fundacional del proceso.  Si al principio era la manifestación de julio del 2010 contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el segundo estatuto, ahora prefieren considerar tal la Diada del 2012.
Sin embargo, salieron encantados de aquella manifestación y durante mucho tiempo era el símbolo favorito del inicio de la rebelión catalana y todas esas cosas... Incluso se publicó un libro titulado Jo hi vaig ser (Yo estuve) compuesto por docenas de fotografías tomadas durante la manifestación y que la gente compraba para ver si aparecía en alguna[3]. Desde luego tenía sus incoherencias, empezando por la cabeza de la manifestación. Allí se encontraba el entonces President José Montilla[4], lo que no era incoherente en sí, pues presidía el gobierno que había redactado el estatuto, pero sí resultaba incoherente a futuro como fecha de nacimiento del soberanismo, pues Montilla de independentista bien poquito. Había una incoherencia más clara pero que a los soberanistas no les ha afectado en lo más mínimo: allí estaba defendiendo el estatuto con el furor del converso Esquerra Republicana de Catalunya, uno de los dos partidos políticos que se había opuesto a él. El otro era el PP.
Y aquel fue el origen hasta que se comenzó a reescribir hacia 2014[5], otorgando la cualidad de primera piedra a la Diada del 2012. La causa profunda la ignoro, pues soy incapaz de introducirme en unas mentes tan complicadas y tan simples a la vez, pero apostaría a que el problema no es tanto que la mani de 2010 no diera la talla como origen sino que resulta difícil explicar lo que pasó entre julio del 2010 y setiembre del 2012. O mejor, lo que no pasó...

Dos años y dos meses dan para mucho

Sí, en aquel momento en que los periodistas saludaban la fecha como aquellas de las que “marcan un antes y un después” era todo muy distinto. CiU estaba a punto de volver a la presidencia de la Generalitat y ERC de sufrir un gran castigo electoral por su gestión frívola e incompetente. Cosas que vistas desde hoy no es extraño que muchos hayan olvidado, cuando ERC parece probable ganadora del primer premio electoral y los restos de la antigua CiU se acercan peligrosamente al cubo de la basura[6].
También se ha olvidado otra cosa que hoy parece incomprensible: dos meses después de que Cataluña “dijera basta”, la Diada del 2010 no se diferenció en nada de las de años anteriores. Y aquí me gustaría explicar un poco cómo eran esas Diadas, pues tenía el mal gusto de acercarme a verlas. Lo llaman curiosidad malsana.
Entre los puestos de libros, vídeos, chapas, pegatinas, camisetas y baratijas varias había amplia presencia de extranjeros peninsulares, a falta de los transpirenaicos. Mi recuerdo entrañable para el independentista andaluz que con tesón envidiable se desplazaba cada año desde la otra punta de la península con su mesa de caballetes y su amplio muestrario de libros y panfletos para no vender una castaña. Y ahí seguía el tío, año tras año, inasequible al desaliento.
También recuerdo a las juventudes de los partidos nacionalistas[7] gritando entusiastas “ETA, ETA, ETA, ETA, ETA” o “¡Visca, visca, visca, visca Terra Lliure!” al son de unos sonsonetes colegiales que no cuadraban mucho con el mensaje que estaban emitiendo. Pero sobre todo recuerdo a los paletos y sus expresiones de éxtasis. Lo que más me llamaba la atención era que no necesitabas preguntarles de dónde eran porque siempre llevaban colgada la etiqueta, cual fuet bien oreado... ¿Cómo olvidar aquella camiseta que decía “Els vigatans no som espanyols” y el chasco al mirarla más de cerca porque en lugar de reproducir el plano de Vic llevaba los Países Catalanes en pleno, islas incluidas?
Pero lo que más recuerdo es el eco. Recuerdo a oradores de la izquierda abertzale siendo escuchados por menos catalanes de los que luego han ido a recibirles a las puertas de la cárcel el día que salían.
Y pasó el 2010 y llegó el 2011. Y llegó el 15 M. Y aquí recordaré un dato objetivo y otro subjetivo. El incontrastable es que a Podemos aún le quedaban unos años para nacer y el subjetivo es que no recuerdo a Ada Colau en el tenderete de la PAH. Quizá estuviera, puede ser que alguien conserve alguna foto, pero lo que es yo, no la recuerdo aunque no me costaría reconocer mi error si alguien me demuestra lo contrario.
Con el 15 M barcelonés ya me he metido, no me repetiré, solo añadiré dos cosas que no escribí en su momento. Que no abundaban las banderas catalanas y que pese a que la corrección política impusiera que los parlamentos públicos fueran en catalán, el idioma que se utilizaba en los corros era el castellano. Preocupante...
Y llegó el verano del 2011.  Y el campamento de la Plaza Cataluña se había desintegrado y poca gente lo lamentaba. Tras haber cumplido su objetivo se había convertido en una muestra de gente rara que exhibía teorías peregrinas, pero el hecho de que se desmantelase el campamento no significaba que su espíritu rebelde hubiera muerto. Aquel verano el influjo del 15 – M se manifestó en dos sentidos, uno con mucho eco en los medios y el otro con muy poco. El primero fue la obstrucción de la toma de posesión de los miembros del parlamento catalán, cuando Artur Mas tuvo que acceder en helicóptero[8]. Muy publicitado y, de hecho, he leído en alguna parte que es el inicio de la reacción soberanista.
Pues quizá. No seré yo quien lo niegue. Pero sí quiero añadir algún dato que no está en ninguna de las versiones oficiales, pues no parece convenir a nadie[9]. Durante aquel verano del 2011 hubo varias manifestaciones contra los recortes de Artur Mas, nacidas a la estela del 15 M. Todas fueron concurridas pero la primera fue multitudinaria. Vi pasar la cabeza de la manifestación por la Vía Laietana, una calle que no es estrecha precisamente, a las 17 horas y me incorporé a ella a las 21 cuando aún faltaba por pasar gente. Había alguna senyera pero no recuerdo “estrelladas” y las pancartas, como es norma aquí cuando no manda el rodillo, unas en catalán, otras en castellano y otras en inglés pensando en los posibles fotógrafos extranjeros...
Las manifestaciones se repitieron durante el verano con menos asistencia, pero aún así dignas de ocupar la portada de los medios locales, que no las reflejaron como era debido porque no muerden la mano que les da de comer.
Y llegó la Diada y una vez más me acerqué a curiosear. Por la mañana, mínimas variantes de lo que ya he contado arriba y por la tarde la manifestación más numerosa tardó quince minutos en pasar. Por supuesto estaba reloj en mano, quería comparar...
Fuera el detonante el cerco al Parlament  o las manifestaciones subsiguientes, lo cierto es que debieron sembrar la alarma en los despachos del Govern y decidieron que había que organizar el contraataque.
Les tomó un tiempo, estas cosas no se improvisan de la nada. ¿Con qué podían contar? ¿Con unas juventudes tan envejecidas mentalmente que jaleaban a Terra Lliure disuelta veinte años atrás y a una ETA a la que faltaban meses para adoptar la misma forma de azucarillo mojado?
Estaba Òmniúm Cultural, una asociación tan rompedora que el Franquismo la legalizó en 1967. Pero Òmnium vivía de la inercia en 2011 y había que revitalizarlo y no bastaría con eso. Habría que crear algo más.
Y ahí viene al pelo una Conferència Nacional per l’Estat Propi celebrada el 30 de abril de 2011, un día antes de que los anarquistas nos manifestáramos. Otra de tantas fantasmadas catalanistas con nombre rimbombante y nada detrás, pero decidieron invertir en ella de forma que en marzo del 2012 se reconvirtió en la Assemblea Nacional Catalana,  pese a no ser en realidad ninguna de las tres cosas. Ya tenían el huevo, la gallina y lo de enmedio y ya sólo faltaba regarla con subvenciones abundantes y mostrarla al sol de los medios públicos y subvencionados.
Trabajando a toda máquina con una determinación y coordinación envidiables lograron armar una manifestación grandiosa para la Diada del 2012. Por supuesto, las cifras oficiales no son creíbles cuando pasan de ciertas magnitudes[10] pero aún con eso las imágenes eran impresionantes y se han repetido con suerte diversa. Parece claro que esta última ha estado por debajo de las anteriores salvo la de 2016. La pregunta es, ¿representan un proceso popular, nacido desde abajo, en el que todo se puede poner en cuestión?

La revolución de las sonrisas

Así les gusta que les llamen. Lo de las sonrisas es opinable, tanto por lo que puede significar una sonrisa como por las veces con las que puede alternarse con otras expresiones. Será mejor centrarse en lo revolucionario de su actitud y sobre todo en esa promesa de que todo podrá ponerse en cuestión y ser cambiado si el pueblo de Cataluña así lo decide.
Los datos que luego expondré apuntan a que no pero ¿qué pueden frente a una ilusión establecida con firmeza?
Este proceso ha dado a luz una de las frases más sorprendentes jamás escritas: soy independentista pero no nacionalista. Entiendo lo que quieren decir, soy independentista para que en un espacio más pequeño podamos decidir nuestro futuro. Hermoso. Pero esa posibilidad no se contempla. O no de esa forma. Está diseñado para que a un estado le sustituya otro (como dirían los perezosos intelectuales, “desde el minuto uno”).
Pero siguen creyendo que podría ser así y para esquivar la evidencia se refugian en cuestiones que podríamos llamar “laterales” como ¿la burguesía está a favor del proceso o no? y se da por entendido que si no está a favor, estaríamos ante un proceso de raíz popular. Dejando aparte el hecho de que la burguesía lleva dos siglos al frente del negocio por su capacidad de adaptación, el dilema es irresoluble. La burguesía italiana apoyó a Mussolini porque venía avalado por el rey y la alemana despreció a Hitler porque tenía miedo de un partido que se definía socialista. Por supuesto, una vez triunfador apostó por él, no podía ser de otro modo, pero es evidente que hubieran preferido al candidato del Zentrum  u otro partido similar.
Pero lo que es, es.
Pese a los años y los hechos sigue transmitiéndose esa idea de que los procesos nacional y social van de la mano, pero siempre el nacional va por delante, pese a la realidad. Hemos tenido muchos procesos de liberación nacional en los últimos dos siglos. Iberoamérica, buena parte de Asia y prácticamente toda África. Y ya hemos visto cuántos de esos procesos han traído aparejada la liberación social: ninguno.
Ha habido un ejemplo inverso, una revolución social que tuvo aparejada una liberación nacional, la revolución francesa. De hecho, fue la que inventó el concepto de nación como se entiende hoy. Solo que en lugar de hacerlo con un sentido divisivo lo hizo con uno de suma. Mal ejemplo. El problema es que lo contrario no se ha dado pero ¿quién puede poner límites a la imaginación por mucho que se estrelle contra la realidad?
Ya hablando en serio, ¿quién puede pensar en una revolución a cuya manifestación acude el primer ministro? ¿Quién imagina una revolución a la que los manifestantes van con camisetas de apoyo al jefe de policía o depositan flores sobre las furgonetas policiales?
Sí, Corea del Norte o Cuba. La revolución catalana aún no ha llegado al nivel norcoreano pero sí pienso que ha superado el castrista[11].

Lo que hay

La transición está diseñada hace tiempo. La “Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República” (LTJFR), la Norma Suprema, ya ha dejado bien claro cuál es el lugar de las reivindicaciones populares: “De hecho, el reconocimiento específico de derechos sociales se reduce al punto segundo del artículo 23, exactamente cuatro líneas, 40 palabras, de un total de 45 folios[12]”.
Estará en vigor hasta que la reemplace la Constitución Catalana.
Por supuesto, hay que aprender de la realidad, la LTJFR fue parida en secreto por no se sabe aún quién y mantenida así mientras se posponía por dos veces su presentación en el Parlament y se hurtaba todo el debate el día que se presentó con un enorme muestrario de tretas y argucias.
Dicha ley estará en vigor hasta que sea sustituida por la futura Constitución Catalana. Conociendo los precedentes, quien piense que esa constitución recogerá el sentir del pueblo catalán merecerá todo lo que le pase de ahí en adelante.
Yo ya habré huido...



[1] Eudald Carbonell: “Estat i Catalunya”, El Mundo, 08/09/17 (la traducción es mía). Le recomendaría humildemente que se centrara en lo de los huesos.
[2] Tengo un artículo pendiente sobre esta cuestión tan aparentemente pasada de moda desde antes de que naciera el blog. A ver si puede ser en los próximos meses...
[3] Una coincidencia curiosa: la manifestación fue el día anterior al triunfo de España en el mundial de fútbol. Resultaba sorprendente ver Las Ramblas llenas de banderas catalanas el sábado y españolas el domingo.
[4] Ya dijo la dicharachera Marta Ferrusola que podía ser President pero nunca sería Honorable. Ella sabía mucho de eso.
[5] Uno de los primeros en hacerlo fue el patético Josep Fontana en un bodrio que perpetró entonces al que me referí hace unos meses, pero ahora no me apetece buscar la referencia.
[6] También unos y otros han olvidado que aquella CiU triunfante se entendió a la perfección con el Partido Popular y tan ricamente que se aplicaron en comandita a recortar lo que fuese menester, como si fuesen socios de gobierno con pacto de por medio.
[7] Entiéndase CiU, ERC y partidos marginales, pero no las CUP como tales, aunque alguno de aquellos grupúsculos se integrara en ellas en el futuro. Entonces aún estaban en un estado de desarrollo embrionario.  Como la memoria es traicionera vuelvo a recordar que las CUP no entraron en el Parlament hasta el 2012 y con una presencia puramente testimonial, aunque David Fernández ocupase muchas portadas por su especial habilidad para dar la nota.
[8] No sé si se conservará pero en youtube estaba disponible un discurso que un chaval echaba a unos “secretas” de los mossos que ya lo hubiesen querido firmar Cicerón o Demóstenes. Entonces, en lugar de aplaudírseles y llenar sus furgonetas de flores se les gritaba “secreta, idiota, ¿te crees que no se nota?”. Por cierto, el porcentaje de acierto rondaba el 100%.
[9] Y una pequeña anécdota que no leeréis en ninguna parte: En la manifestación alternativa de la tarde del Primero de Mayo del 2011 pasamos por delante del Hospital Clinic denunciando los recortes y salieron los trabajadores a aplaudirnos. A quince días del 15 M que parece haberlo inventado todo. También nos tocó correr un par de veces...
[10] El millón es una cifra muy recurrente y no hablo de las manifestaciones catalanistas sino en general. Equivaldría más o menos a diez Campnous o Santiagobernabeus llenos hasta la bandera. ¿Alguien se ha parado a pensar cuánto espacio ocupa tanta gente, por no hablar de los problemas logísticos que conlleva reunirla?
[11] Y hay un paralelismo que no deja de inquietarme: alaban a Puigdemont pensando en Mas como los cubanos alaban a Raúl pensando en Fidel.
[12] Soledad Gallego Díaz: “Lo que conviene leer con lupa”, El País, 10/09/17. Después leí un artículo en Público que defendía la ley como mucho más avanzada que la constitución del 78. No es por tomar partido en una carrera de caracoles, pero “por sus obras los conoceréis”, que dijo El Sandalias.

viernes, 8 de septiembre de 2017

UN ASUNTO SIN IMPORTANCIA




Si tuviera que elegir entre una de mis pasiones me quedaría con la música sin dudarlo. Me encantan los discos y tengo una buena colección, pero lo cierto es que una interpretación en directo produce una sensación irrepetible. La paradoja aparente es que genera ciertos recuerdos en forma de sensaciones que quedan ahí anclados para siempre de forma tan firme como la que reproducen eternamente las grabaciones.
Cuando vivía en una ciudad pequeña me mataba leer crónicas de conciertos a los que no había podido asistir por falta de tiempo o dinero (generalmente lo segundo) que yo suponía inolvidables, narrados por un crítico musical que parecía haber sido secuestrado de su casa en lo mejor de un coito y haber sido conducido allí a punta de pistola.
Así que cuando vine a vivir a una ciudad grande y descubrí que no tenía que hacer nada para ir a conciertos porque los conciertos venían a mí, no podía creerlo. Ya no había que añadir al precio un desplazamiento en uno o varios medios de transporte y una noche de hotel. Porque la entrada siempre había sido asequible, el problema eran los gastos extra y, como por arte de magia, esos gastos extra se habían reducido a dos viajes de la tarjeta de metro.
Aún así, empecé con moderación. No traté de quitarme de un golpe el hambre atrasada. Si mi artista favorito actuaba tres veces en la temporada elegía una de las tres, la que mejor me pareciese. Tenía un cierto pudor que no soy capaz de explicar[1]...
En esa época de conciertos racionados había dos momentos que se repetían invariablemente. Uno, que realmente es inadecuado calificar de momento por su duración, era la excitación nerviosa. Cuando menos, iba del despertar al instante en que ocupaba mi localidad. A veces, con diversos grados, podía ocuparme toda la semana. El otro se producía durante el concierto. Llegaba a introducirme tanto en la música que me abandonaba hasta el punto de sentirme dentro de la época como si fuera un noble mantuano sentado en un sillón forrado de terciopelo asistiendo al primer ensayo operístico digno de tal nombre, o el mismísimo Luis XIV escuchando una música a la que él no pudo prestar mucha atención en su momento porque bastante ocupado estaría intentando recordar sus entradas y pasos de baile[2]. La gente de mi edad recordará aquella historia del “viaje astral”, cuando uno podía abandonar su cuerpo, verse a sí mismo tumbado en la cama y viajar libremente como diablo cojuelo, metiendo las narices en la casa que le apeteciese[3].
De modo que solo fue un movimiento natural  pasar de elegir entre tanta propuesta interesante a descartar de entre la amplia oferta lo poco que iba a perdonar.
A partir de ahí se creó un ritual. Los conciertos a los que yo voy carecen de amplificación eléctrica, por lo que es muy importante seleccionar una buena ubicación del asiento antes de comprarlo. Si voy a ver a un solo intérprete que toca un instrumento de poco volumen sonoro, mejor cuanto más cerca. Si el programa consiste en una misa a 53 voces con bajo continuo, entre ellas diez trompetas naturales cuyo sonido se proyecta casi hasta el infinito, lo mejor sin duda es sentarse en el primer anfiteatro y aún así la música sonará tan intensa que te puede dejar aturdido. Agradablemente aturdido, eso sí. Suelo diferir el momento de la elección, hasta un día en el que me siento con el estado de ánimo suficiente como para elegir todas las ubicaciones de la temporada de una sentada, y hoy era el día.
Cuando empecé a comprar entradas, hace ya una década, era muy sencillo. Entraba en la página de Internet, elegía mis asientos y la propia página me desviaba a una ventana más segura donde introducía los números de mi tarjeta. Hecha la compra, imprimía las entradas y se acabó. Pero hace unos años, no muchos, acabada la elección, no pude culminar el proceso porque me exigían introducir un código que mi banco me había enviado al móvil en un sms pero en el móvil no había nada. Tuve que quedarme con las ganas y confiar en que al día siguiente, después de ir al banco a pedir explicaciones, me encontrara en el mismo estado de gracia para elegir como en el que me había hallado en ese momento.
Entonces había un señor en mi sucursal con el que me entendía muy bien. Por supuesto, desapareció de un día para otro. Espero que fuera por jubilación y no porque le hayan sustituido por uno de esos estúpidos jóvenes encorbatados que han tomado la oficina por asalto, esos que piensan que teclear a la velocidad del rayo con faltas de ortografía significa trabajar bien. Cuando le comenté el problema me dijo que era porque no tenían registrado mi número de teléfono y le hice notar que cada dos por tres me llamaban al móvil comerciales del banco de a tanto la pieza a ofrecerme cosas que yo ya sabía que existían y que si no las había contratado era evidente que no me interesaban. Se encogió de hombros, señaló con la cabeza hacia la oficina del director (un gilipollas de manual que podía ser su hijo) y me dijo “ya sabes”[4]. De forma que registré “oficialmente” mi número que todos los departamentos del banco ya conocían para intentar venderme basuras varias y a partir de ahí pude empezar a comprar por Internet.
Pues bien, hoy era el día elegido para sumergirme en la compra de entradas y cuando he llegado al fin, me envían el código por teléfono, lo introduzco y aparece una ventana que dice que mi banco no aprueba la transacción. Vuelvo a probar, no sea que se me haya ido el dedo y me haya equivocado al introducir el código. Misma respuesta.
Mi banco tiene un número de teléfono específico para resolver problemas relacionados con la tarjeta. Es un 902, lo que quiere decir que pese a que tengo contratada una tarifa telefónica plana, ese número se cobra aparte, pero no me ha importado pagar la llamada si a cambio me resolvían el problema.
Llamo y me atiende una máquina estúpida (o mejor, programada por un estúpido) que “no me entiende” y me transfiere a un operador, en este caso hembra. La chica me atiende con un tono de voz absolutamente robótico. No soy ajeno al hecho de que las llamadas se graban, de hecho me han avisado de ello, pero aún así sería difícil encontrar una voz más desprovista de vida. Me pide mi número de DNI y una vez que lo tiene, mi nombre y apellidos. Inmediatamente me pregunta por mi problema y me explica que ella no puede acceder a mis datos porque me falta nosequé mierda multicanal. Para conseguirla debo entrar en la página del banco, dar aún más datos de los que ya tienen de mí y una vez hecho eso, puedo volver a llamarles, que me ayudarán con todo su ánimo[5]. Yo ya estoy harto, no pienso hacerlo, voy a ir a la taquilla a comprarlas como si viviera hace decenios, y si no me permiten pagarlas con la tarjeta me acercaré a la sucursal y sacaré el dinero en billetes, pero más allá de mi pequeña peripecia, hay dos cosas que me han llamado la atención. Habrá a quien le parezcan menores, pero a mí me han dejado rascándome la cabeza. Un banco que ha estado años incitándome a gastar más dinero del que ganaba y ofreciéndome créditos a intereses irresistibles, ¿ahora me impide hacer un gasto completamente asumible sin que sufran mucho mis pobres finanzas?
En cuanto a los robots... ¿no son conscientes de que están luchando con toda firmeza contra su propio puesto de trabajo? Si la condición previa para que les vuelva a llamar es solucionar yo mismo el problema, ¿para qué sirven ellos? Ya he sufrido varios casos, entre ellos el de un director de una oficina central, que defienden alegremente la decisión de ponerse una soga alrededor de su propio cuello. Supongo que piensan que a la hora de la verdad echarán a todos menos a ellos. Exactamente lo mismo que piensa el resto del rebaño.
Robot es una palabra que procede del checo. Significa una prestación en trabajo que el siervo debía a su señor. En castellano se conoce como corvea, aunque la palabra medieval más difundida era serna. En este caso añade un matiz, el de la autodestrucción. Los señores medievales, en teoría tan bárbaros, eran suficientemente inteligentes como para no encomendar una tarea a sus siervos que acabase con ellos pero hoy en día, los señores que han pasado por prestigiosas escuelas de marketing (que literalmente significa “mercadeo”) no se paran a pensar en esas minucias. Y los siervos ya ni decir, cavan su tumba cantando...





[1] Porque carece de lógica, claro está...
[2] Disfrazado de Sol, por supuesto, que de ahí le viene el nombre, no de que se considerase el centro del universo, como tan equivocadamente se ha dicho tantas veces.
[3] Todo el mundo conocía a alguien que lo había conseguido pero no era persona accesible, siempre era “un amigo de un amigo”. En inglés, que es un idioma muy dado a los acrónimos, lo abrevian FOAF, friend of a friend, que significa exactamente lo mismo pero ahorra espacio.
[4] Hay una clase de energúmenos que se hacen llamar liberales que hablan de “la brutal ineficiencia del estado” frente a las virtudes de la empresa privada. Los viejos son todos funcionarios, pero esa es otra historia...
[5] Recordaba tanto aquel viejo chiste del vago al que le ofrecían un trabajo en el que solo le pedían ir a cobrar el día uno y respondía: “¿y no puede venir mi hermano?”.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

PARECE QUE TOCA OTRA VEZ...


Esta vez ha sido en mi barrio.
Paso a diario por Las Ramblas, no tengo especial manía a los turistas. Me molestan los ruidosos, pendencieros y meones de esquinas que no siempre gritan en idiomas extraños, por cierto , pero a las horas que las atravieso abundan las familias y los grupos de chavales en poco diferentes de los que he conocido toda mi vida. Hay barceloneses de cierta edad que lamentan que Las Ramblas han cambiado, pero esa época dorada ya había pasado cuando vine a vivir aquí.
Si he de decir verdad, creo que por el hecho de haber sucedido tan cerca no me ha afectado más que las bombas de Madrid o las masacres de París. Desde luego, sí resulta sorprendente escuchar a la vez el sonido de sirenas y helicópteros por el altavoz de la radio y la ventana abierta y llama la atención que cada vez que veas una imagen conozcas el fondo y lo relaciones con algo que te ha sucedido, pero ahí acaban las diferencias.

Las reacciones

Múltiples y variadas. He tenido que cribarlas para no alargarme hasta el infinito o resultar poco claro...

Llamamientos a la unidad
Abrieron brecha El Mundo y El País con editoriales en los que pedían la unidad política, entendiendo por tal el fin de la campaña separatista, pero después de ser ampliamente criticados por el secesionismo local quedó en una especie de agrupación de todos, sin aparente jerarquía pero poniendo por delante a los Mossos y su trabajo ejemplar. Por supuesto, siguiendo anteriores precedentes, la unidad duró un suspiro. Rota por todas partes pero finalmente recompuesta para la manifestación del sábado y vuelta a romper durante su desarrollo, reproduzco aquí una crítica, a mi entender muy pertinente, previa a las querellas entre sindicatos policiales sobre temas informativos o a las de los políticos sobre cuestiones de prevención: “El hecho de que durante meses se hayan almacenado más de 100 bombonas de butano para hacer un atentado masivo que, afortunadamente y por azar, no culminó, no habla bien de los cuerpos policiales tres implicados en la investigación del yihadismo. Es llamativo que los mossos, que no paran de realizar grandes operaciones contra un anarquismo armado catalán que nunca acaba de existir, no supieran nada de la casa de Alcanar en un primer comunicado, tras la explosión, sólo se subrayó que era una casa “ocupada” y que tardasen horas en relacionar ese alijo de explosivos con un atentado[1]

Llorones
 Aunque no muy numerosas en principio a medida que pasaban los días iban siendo más , aparecían las justificaciones “históricas”, esas que nos condenan de por vida por haber sido cómplices de ya no sé cuántas maldades. El flagelante de turno escribía: “¿Nos piden que olvidemos acaso que el saudí Osama Bin Laden[2] miembro de una numerosa y poderosa familia de origen yemení con fuertes lazos con la familia real saudí y con grandes inversiones en EEUU fue uno de los grandes apoyos que tuvieron EEUU y sus aliados para reclutar a esos miles de muyaidin que serían luego los pilares de Al Qaeda?”. Líbrenme Alá y Mahoma su profeta de romper una lanza por la política exterior estadounidense, casi siempre egoísta y muchas veces criminal, pero creo que dieciséis años después del 11 – S ya les toca revisar el tópico. No cuesta tanto informarse de que la minúscula brigada árabe de Ben Laden hizo el ridículo más espantoso en el par de escaramuzas en las que participó en Afganistán y tuvo que marcharse sin pena ni gloria tras no haber sido capaz de ganarse el respeto de ningún comandante afgano. Ben Laden volvió a los negocios de la familia en Arabia Saudí y fue durante la Guerra del Golfo cuando se le giró la cabeza ante el hecho de que Estados Unidos estableciese tropas en los “lugares sagrados”. En este caso la culpa perpetua de los norteamericanos parece un poco traída por los pelos. El autor del artículo, y algún otro después de él, escribía que para evitarlo debíamos abrir urgentemente las fronteras y acoger a cuanto refugiado acudiese, pero no parece buena receta porque no le sirvió a Alemania. Desde luego, una vez sabido que la justificación del atentado es la liberación de Al Ándalus y el castigo a los inquisidores lo que parece más claro es lo que dijo aquel, que viven en el siglo XV de su calendario y se nota...

Corrección política

Sobre esta actitud lacrimógena he leído una crítica bastante interesante: “4 La mala noticia: los inevitables discursos de “auto culpabilización”, heredados del tercermundismo, reman en la dirección errada. Todo lo que divide por identidades de origen se pone en línea con los objetivos del terror. Cuando desde cierta izquierda se insiste en la “culpabilidad” de “los de aquí” por ser “occidentales” y en paralelo se afirma la “inocencia” de los emigrantes, los hijos de emigrantes  y sus nietos... lo que se está diciendo implícitamente es que “no son de aquí”, que forman, aunque hayan nacido en Europa, estudiado en la misma escuela pública que los demás y cotizado a la misma Seguridad Social que el resto, un cuerpo aparte, separado, una identidad, un sujeto político, una víctima colectiva. Ese es exactamente el camino que pretende el Estado Islámico. Porque su objetivo no es el temor sino la insurgencia. 5 Pero para hacer viable la insurgencia, necesita reconfigurar el mapa identitario. Por eso, responder a los atentados con los viejos moldes del antifascismo, el anti racismo y la “anti islamofobia” o simplemente usar raseros diferentes para calificar unas religiones u otras, lleva una y otra vez a afirmar por activa o por pasiva un juego de identidades, un terreno, que es el que el jihadismo quiere imponer”[3].
No por casualidad, donde la desarticulación social es más intensa y viene de largo es donde el triunfo de la corrección política es más rotundo, como en Estados Unidos. Esa falta de vínculos naturales de afinidad se ha sustituido con la creación de “comunidades” artificiales, que además pueden superponerse unas a otras. Por ejemplo, uno puede pertenecer a la comunidad “italoamericana” y a la vez a la comunidad católica y lo que las caracteriza principalmente es la extrema facilidad con la que se sienten ofendidas.

El Ayuntamiento de Barcelona, ahogado en corrección política hasta provocar el vómito, ha reproducido ese esquema comunitario sin la menor reflexión. Su Comisionada de Inmigración, Interculturalidad y Diversidad, Lola López[4], convocó a un disparatado aquelarre a las “comunidades judías, cristianas ortodoxas, cristianas católicas, cristianas evangélicas, musulmanas, budistas, taoístas, sikh, bahá’í, la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y las comunidades hinduistas. También los colectivos de tradición laica y atea[5]”.
Lo explicaba diciendo que “es necesario un acto de recuerdo de las víctimas que acoja el máximo de sensibilidades”  y lo remataba así: “por eso no es únicamente interreligioso, sino interconviccional”. Interconviccional... ¡qué maravilloso hallazgo! El corrector de textos ha ido tomando todos los colores del arcoiris, provocando la envidia de cualquier pavo real.
El problema de la corrección política no es que nos obligue a usar un lenguaje ridículo sino que si se le cede el terreno, si no se combate con perseverancia, acaba sacando cuestiones del debate público, y hemos tenido un ejemplo estos días. Resulta que al Mayor de los Mossos un periodista le afeó que respondiese en catalán a una pregunta. El policía le respondió con la chulería que se supone habitual en el alto mando policial y el hecho ha sido muy celebrado aparte de por el independentismo catalán, que sería de esperar , por periodistas de diarios madrileños, al menos los que yo he leído. Todos ellos vinculan a quien hizo la objeción con la caverna mediática y todas esas cosas. Todos con el discurso bien aprendido. Solo citaré a uno, el patético Juan Cruz, que hace cuarenta y un años fue a hacer de correveidile a El País y desde entonces sigue en los mismos menesteres, aunque creyéndose una eminencia. Dice que el tal Josep Lluís Trapero  “despachó con una frase empachada de ingenio, “Bueno, pues molt bé, pues adiós”, una discusión sobre idiomas que, por otra parte, tan estúpida y dañina ha sido tanto para la difícil convivencia de las lenguas celtibéricas[6]”.
Un dato que se ha difundido poco: el periodista es un holandés que habla seis idiomas. Desde luego, él pensaba que una rueda de prensa sobre un asunto tan grave se daría en el idioma oficial del país afectado. Como pasa en cualquier país mínimamente organizado del mundo, cuando los atentados de Niza a ningún periodista o autoridad se le ocurrió formular o responder una pregunta en occitano. Es una simple muestra de cortesía hacia los periodistas extranjeros. Sin embargo, aquí no solo no es así sino que se ataca como elemento reaccionario a quien hace una objeción de puro sentido común. Es el peor pecado que podría cometerse. Quien lo haga es un cavernícola y para allá va, sin preguntar nada más... Este es el lado perverso de la corrección política y por eso hay que combatirla sin regalarle el mínimo espacio.
Los manifestantes independentistas del sábado ponían de manifiesto las relaciones de la Familia Real con la tenebrosa monarquía saudí desde al menos dos generaciones. Ciertas y constatables, aunque olvidaban mencionar las del Barça con el emirato de Catar, pero supongo que semejante idea podría provocar un cortocircuito en sus cerebros tan escasamente cableados como corresponde a su sistema binario: nosotros valemos uno, ellos cero. La pregunta es ¿qué tiene que ver un imán de mala muerte que predicaba en la mezquita de Ripoll con la tiranía que se enseñorea de la casi totalidad de la Península Arábiga? ¿Acaso está el rey saudí interesado en atentar contra una España que le trata tan bien y le vende unas armas tan necesarias? Cualquiera diría que no, pero los cerebros binarios llegan a conclusiones inesperadas y todas serán buenas.
Solo quien lo ha sufrido en sus carnes se atreve a señalar lo obvio[7]: desde el siete de enero de 2015 en que los asesinos islámicos dispararon cobardemente a los valientes que se encontraban en la redacción de Charlie Hebdo[8] “un trabajo de propaganda ha logrado distraer a nuestros espíritus y disociar estos atentados de toda cuestión religiosa. Hoy, nadie se interroga sobre el papel del Islam en la ideología de Daesh. El lavado de cerebro ha logrado hacernos admitir que “el hecho religioso” no debe discutirse. Se nos impone, y los que osan cuestionarlo son tratados de anticlericales primarios de otra época[9]”.
Pero es lo que tenemos, un extraño fenómeno de culpabilización por control remoto. ¿Dónde encajan en nuestro caso los sátrapas saudíes? Sólo los hechos bastan. Es suficiente observar la planificación del atentado para comprobar cómo los petrodólares saudíes fluían a raudales. Unos tipos que se meten en una casa abandonada para rellenar bombonas de butano vacías con peróxido de acetona que “cocinaban” ellos mismos. Con un asesoramiento tan brillante que lo único que nos libró de un desastre mayor fue que al estúpido de su jefe se le ocurrió bajar la temperatura de una mezcla tan inestable aplicándole el calor de una estufa. No. En este caso es todo mucho más sencillo.  
Si vamos al origen del asunto, nos sobra con una mezquita en Ripoll en la que predicaba libremente un imán que no hacía sino repetir aquellas frases coránicas de matadlos allí donde los encontréis y un grupo de jóvenes que le respetaron y creyeron precisamente por ser un predicador. Todo empieza y acaba en la religión. En una religión profundamente dañina[10].

Pequeño balance

Han pasado unos días desde que escribí esto. Pensaba cerrarlo de otra manera que remitía a un hecho del pasado pero he acabado por reconocer que era un tanto artificial y precisamente por eso se resistía. A cambio, ofrecía una ordenación firme que esta pequeña recapitulación hecha sobre la marcha no va a tener.

Los Mossos
Hay que empezar obligatoriamente por ellos. Nuestra alcaldesa, que hasta hace dos días pedía explicaciones por el ojo perdido de Esther Quintana, se ha sumado al carrusel de la glorificación, reservándoles la cabecera de la manifestación[11]. Es curioso que se exalte a alguien por cumplir con su deber, y más si lo ha cumplido de aquella manera...
No soy pacifista. La violencia existe y la hemos practicado conscientemente desde que nos erguimos sobre dos patas. No soy partidario de utilizarla para solucionar los problemas pero entiendo que a veces no queda otra salida que responder al violento con violencia. No seré yo quien critique al que tumbó a los cuatro de Cambrils uno detrás de otro. Acababan de apuñalar mortalmente a una mujer y no tenían intención de parar. Fácil de entender, evitar un mal mayor. Pero el quinto, rodeado de policías por todas partes, o el canalla que condujo la furgoneta, privado de sueño, hambriento y solo... ¿no había otra manera de reducirles? Entiéndaseme bien, no me guían consideraciones humanitarias, esas las guardo para los humanos, no para los fanáticos religiosos. Se trata de cuestiones prácticas. ¿Qué sentido tenía el viaje a París de unos días antes de los atentados? Pues bien, si hubieran cogido con vida a una de esas dos basuras ya se sabría.
Y ¿qué decir de su Mayor, la última estrella de los medios? Sinceramente, cuanto más le oigo hablar más convencido estoy de que el meollo del dilema de su decisión de convertirse en mosso o en el sucesor de “El Vaquilla” se jugó en el grosor de un cabello. Se le intentó convertir en una estrella mediática, para lo que hace falta poco, basta el hijo de Paquirri e Isabel Pantoja para probarlo... Como el viento soplaba a favor, hasta le sumó puntos su  respuesta al periodista holandés, impresentable  desde cualquier punto de vista. Pero con los días han ido surgiendo las objeciones hasta llegar al aviso impreciso de un atentado provinente de fuentes estadounidenses que publicó El Periódico. Tuvo la opción de decir la verdad, que se recibió, se leyó y no se consideró importante. Cualquiera podría entenderlo. No hace falta ser experto en servicios secretos para suponer que avisos tan vagos se reciben prácticamente a diario y que no sería una vergüenza haberlo descartado por su imprecisión. En lugar de eso, acusó falsamente al diario de mentir y tuvo el mal gusto de nombrar a su director y subdirector y motejarlos públicamente  de cobardes por no haber asistido a su rueda de prensa.
Luego ha resultado que el tal Trapero acabó por reconocer que el comunicado sí se recibió, dejando en evidencia no sólo su mentira previa sino la de Forn y Puigdemont, pero las amenazas y desafíos previos a los periodistas  ahí quedan y la verdad, no resultan muy tranquilizadoras...

Las causas
Variadas. Según la reivindicación, el hecho de que Al Ándalus dejase de existir. ¿Cuándo? Pues la verdad es que no es fácil decirlo, porque el minirreino de Granada representaba Al Ándalus como Puerto Rico pudiera representar el imperio español en 1898. Es más fácil la otra, que existió la Inquisición. Frente a semejante razón palidecen las monarquías del Golfo Pérsico, las fronteras cerradas a los refugiados, los guetos en que se concentra a los musulmanes para exterminarlos lentamente y, si aún así les va medio bien, un flautista de Hamelin  que abdujo a unos chavales que eran majísimos. Pero aunque les reclute en una mezquita, ¡ay de quien ose decir que esto tiene que ver con la religión! Es evidente que no hay relación alguna. Todo son cuestiones geopolíticas y socioeconómicas, trabadas en forma de relato coherente que aspira a la completitud. Solo que todo junto no puede responder a una pregunta: ¿por qué los gitanos no cometen atentados? Tendrían muchos boletos según las avestruces  y sin embargo...

Las conmemoraciones
La manifestación olía mal desde el principio. ¿A qué viene convocarla nueve días después? A mí me recordó mucho a la manifestación posterior al funeral del pobre Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz, cuando el PNV movilizó a todos los palurdos de la Euskadi Cherokee para que marchasen al grito de Ibarretxe aurrera! Si hasta llegaron a pegarse gentes que en teoría habían ido a homenajear a los dos muertos[12]... El mismo esquema, los viejos dueños del poder autonómico imponiéndose a un alcalde no especialmente despierto (Colau en Barcelona, Alonso en Vitoria).  Por eso me pareció un gran hallazgo el lema No tinc por (no tengo miedo)[13]. Si el terrorista quiere inhibir a la sociedad mediante el terror para que acabe pidiendo “por favor, dialoguen” en plan Gemma Nierga, la mejor manera de decirle que está acabado es gritar que no le tienes miedo. Aunque no lo parezca, pertenecen a nuestra especie, al menos en una clasificación taxonómica, y también están expuestos a las dudas y la desmoralización. Si ven que sus atentados son inútiles acabarán abandonándolos por razones prácticas, aunque desde luego eso no significa que lo vayan a hacer hoy.
Por el contrario, el Volem la pau (queremos la paz) que se escuchó y mostró en la famosa manifestación es una bajada de pantalones en toda regla. Por muy bonito que les sonase a los que lo exhibieron y gritaron, está abriendo la puerta a la pregunta: “¿Y qué estaríais dispuestos a darnos a cambio?”.





[1] Guillem Martínez: “La unidad esa”, CTXT, 22/08/17 (leído en Público). Martínez sigue acentuando el solo cuando significa “sin compañía o sin ayuda”. Dejé de hacerlo desde que la realacademia de los Cebrianes, Ansones y Pérezreverteres dictó norma en contrario. He cambiado de opinión. Que les den.
[2] Como ya indiqué una vez, Ben Laden sería la transcripción más correcta, pero se cambió porque en Estados Unidos sonaba demasiado judío. Creo que fue un tal Roberto Montoya en Público, aunque no me afané mucho por tomar la referencia.
[3] “Barcelona”, lasindias.blog. Está estructurada en seis puntos de los que reproduzco dos, de ahí la numeración. Sin estar completamente de acuerdo con ella, recomiendo su lectura. Es la única escrita desde una posición de izquierda que me ha parecido mínimamente valiente.
[4] Hace tiempo leí un par de entrevistas que le hicieron y me quedé estupefacto ante su diarrea mental. Llegaba a hablar de “fundamentalismo laicista” para caracterizar a los que nos oponemos a burkas, burkinis y demás prendas liberadoras  sin que se le cayese la cara de vergüenza. Hablando de caras, mostró su verdadero rostro poco después. Como encargada de mediar con los manteros se comportó como la oenegera veterana que es. Aquello de yo sé mejor que tú lo que te conviene, que para eso llevo intentando vivir  de esto antes de que tú nacieras, y en cuanto los africanos osaron llevarle la contraria reaccionó con soberbia y autoritarismo.
[5] En realidad un repertorio muy numeroso pero poco “inclusivo”. Aunque camuflados bajo nombres más dignos, en ese elenco figuraban los Testigos de Jehová y los mormones. ¿Cómo no se invitó a los cienciólogos, que en Sant Jordi arman un despliegue de puestos que ya lo quisieran los sikh o los taoístas? En cuanto a los colectivos de tradición laica y atea, como tales figuraron la “Fundación Ferrer Guardia” y unos autodenominados “Ateos de Catalunya”. Seré claro. Ferrer Guardia fue fusilado por considerársele el inductor de la Semana Trágica de Barcelona, cuando se quemaron iglesias y conventos a mansalva. ¿Qué carajo de herederos son esos que no hacen ascos a compartir espacio con los herederos de los que no pararon hasta que su padre espiritual fue digno de ir al infierno por la vía rápida? ¿Qué coño de ateos son esos que se prestan a figurar como una religión más? La pregunta es obvia: ¿ambas agrupaciones de don nadies reciben alguna subvención municipal? Si fuera así podría entenderlo, el dinero hace a los cojos correr y a los mudos hablar, que decía el Arcipreste. Si no, es que son tontos de baba. En todo caso, cuatro y el del tambor...
[6] Juan Cruz: “Celtiberia show después del estupor”, El País, 23/08/17. Celtiberia Show era una serie que publicó el fallecido Luis Carandell a finales del Franquismo. Esta es una fea costumbre de este chico de los recados, siempre se esconde detrás de alguien. En este caso doblemente fea, pues se esconde detrás de un muerto. Una cosa es reconocer la autoría de alguien que expresa tus ideas antes que tú y otra es ponerle como escudo sin venir a cuento para protegerte de ataques. No hay que mencionarlo, ni el castellano ni el catalán son lenguas celtibéricas. Tienen su origen mucho después, en el llamado latín tardío. En cuanto a lo del ingenio, que cada cual juzgue. Yo lo veo más cerca del relaxing cup of café con leche o el is very difficult todo esto  que de otra cosa...






[7] No todos, claro. Algunos son víctimas del Síndrome de Estocolmo y van a abrazar o aplaudir a según qué personaje raro. Yo sigo siendo Charlie y cada vez con más ganas... La cita es de Marc Bassets: “La portada de ‘Charlie Hebdo’ sobre Barcelona siembra la polémica”, El País, 23/08/17






[8] El Jueves dejó bien claro en su momento que ante la responsabilidad de reproducir las caricaturas de Mahoma en nombre de la libertad de expresión se habían cagado, literalmente. Desde entonces han caído en barrena, enterrando en sus propias heces un pasado que llegó a ser muy interesante.






[9] Como anticlerical primario de otra época, me gusta usar un lenguaje preciso. Si los guardianes de la moral pública desaconsejaban el uso del adjetivo islamista, ahora han ido un paso más allá y han empezado a pedir que ni siquiera se use yihadista. Como ya llevo la crítica implícita, a mí me gusta identificar al terrorismo que mata en nombre del Islam como terrorismo islámico. Por cierto, me gusta el título del editorial de Charlie: “Las avestruces de vacaciones”.
[10] Y no quiero aquí enredarme en un parangón de religiones mejores o peores, no me gusta ninguna. Sin embargo, resulta mucho más difícil criticar a los cuáqueros. Quizá por eso son ultraminoritarios, porque no deben cumplir ni con el ABC de las religiones...
[11] Tengo entendido que fue ella. Quizá fuera a medias con la Generalitat. En todo caso, no dijo nada en esta ocasión, y suele hablar alto y claro cuando algo le molesta...
[12] Pese a vivir en Vitoria entonces no acudí, como tampoco a esta. Pero escuché testimonios muy variados que coincidían en lo fundamental.
[13] Y aquí hay una corriente facha de oposición que resulta muy curiosa porque defiende su derecho a tener miedo. No por casualidad coincide casi exactamente con los botarates que en enero de 2015 escribían dejando claro que ellos no eran Charlie. Cierto, como últimamente en la prensa todo va muy rápido, algunos de ellos carecen ya de tribuna pero recogen la antorcha sus becarios...